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UN SISTEMA GENERADOR DE SUFRIMIENTO

“La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperarMientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales”. (Papa Francisco, EG 202).

Warren Buffet, uno de los grandes multimillonarios y que ocupa el nº 2 en la lista de los más ricos del mundo, dijo hace unos años: "Hay lucha de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que dirige la lucha, y la estamos ganando nosotros". ¿Sinceridad o cinismo? Gracias a una voz “autorizada” nada sospechosa de izquierdismo, sabemos que vivimos tiempos de guerra, declarada por los ricos a la inmensa mayoría de la humanidad; sabemos quienes van perdiendo: los empobrecidos de todo el mundo y nuestra casa común: la Tierra.

Transformar el sistema

Llevamos años recibiendo informes en los que se nos alerta de una desigualdad creciente y de sus fatales consecuencias, y a pesar de todo, la desigualdad sigue creciendo, ¿hasta cuándo durará la ceguera de los codiciosos?, ¿hasta cuándo los políticos títeres seguirán obedeciendo los dictámenes e intereses de los muy ricos, hasta cuándo seguirán mintiéndonos?, ¿hasta cuándo aguantaremos?

El sistema produce una desigualdad hiriente e inaceptable,  genera población descartable, desechable, prescindible, produce un enorme sufrimiento evitable, y al ser evitable hay que combatirlo. ¡Tantos hermanos parecen sobrar en este sistema perverso! ¿No será el sistema el que sobre, el que hay que transformar completamente de arriba a abajo? Es urgente buscar otro sistema más humano, más respetuoso con todos, en el que todos quepan y que no aplaste a los más vulnerables.

Según la OCDE (organismo que reúne a los 34 países más ricos del mundo) España está siendo el país más antisocial en la supuesta y cacareada salida de la crisis. El último informe de este organismo vuelve a señalar que la desigualdad ha aumentado –todos los informes lo señalan con datos fiables y objetivos- que ha crecido el número de trabajadores pobres y que la redistribución de la riqueza se ha estancado desde 2010. Los beneficios de las empresas siguen aumentando, mientras que los salarios no suben. España se ha convertido en uno de los países más desiguales de la UE, sólo por detrás de Bulgaria y Letonia.

Recientemente, un prestigioso premio nobel de economía J. Stiglitz, decía: “la desigualdad ha sido una opción, no un resultado económico inesperado y lamentable”. UNA OPCIÓN, algo deliberadamente buscado y perseguido de manera consciente. Una opción inhumana, perversa, ocultada en los discursos oficiales.

La bondad peligrosa

¿Puede un hombre bueno convertirse en un molesto indeseable, en un ser peligroso? ¿Puede un hombre de paz generar conflictos? Sí, es el caso de Jesús, tantos episodios evangélicos así lo muestran, al anteponer el bien de la persona concreta de carne y hueso al sistema: ley, sábado, templo, intereses económicos, poder… y a las clases dirigentes que se benefician de dicho sistema.

Jesús se situó al lado de los últimos, de los excluidos, de los más vulnerables y pagó con su vida; denunció las causas de tanto sufrimiento, se enfrentó a un sistema que provocaba marginación y dolor y al luchar contra el sufrimiento, termina sufriendo una muerte cruel por haberse hecho solidario con quienes eran condenados a vivir en los márgenes de la sociedad, de la religión. Condenado por no haber permanecido indiferente ante tanto sufrimiento.

LA BONDAD DE JESUS NO CABE EN EL SISTEMA de la época ni en el conjunto de relaciones sociales creadas por tal sistema que producía un sinfín de excluidos y sobre todo excluidas. Jesús lo pone en entredicho, pero el sistema se revuelve contra él hasta llevarlo a la cruz. Y Dios en su bondad-justicia interviene para hacer estallar la cruz, la muerte que en ella se fabrica, y de ese estallido surge la Vida. Desde dentro de la muerte que Jesús acoge en solidaridad con nosotros y en fidelidad a sus opciones, a sus preferencias, Dios recrea la vida.

Ético y decente

La palabra antisistema es manipulada por los poderes mediáticos que al utilizarla pretenden desacreditar las justas y legítimas luchas en favor de otro mundo más humano, acogedor, solidario en el que todos quepamos. TODOS. Disfrutando de los mismos derechos fundamentales y básicos. Cuando el sistema en el que vivimos provoca un sufrimiento tan cruel, tan inicuo, tan extendido, entonces lo ético, lo decente, lo humano… y lo divino es combatir semejante sistema de muerte mantenido por la ceguera de pequeñas minorías codiciosas que controlan amplios resortes de poder económico, financiero, mediático, y desde ahí imponen sus intereses al supuesto poder político, un poder títere detrás del que actúan y se imponen los que de verdad mandan. También los títeres tienen su enorme responsabilidad a la hora de aplicar políticas empobrecedoras de las grandes mayorías. Viven bien dentro del sistema y no piensan transformarlo. A algunos les basta con corromperlo en beneficio propio.

Nos aseguran los gobernantes que con sus medidas económicas han conseguido ofrecer certidumbre y confianza a los MERCADOS, es decir, al sistema, al ídolo. ¿A qué precio? Recortes, desigualdad, empobrecimiento y un enorme sufrimiento. ¡Y se vanaglorian! ¿De qué? ¿De haber empobrecido a las grandes mayorías para seguir engordando a los más pudientes, al sistema, a la bestia que diría el libro del Apocalipsis?

Resistencia y esperanza

La dura realidad no debe sepultar nuestra esperanza. Que ningún dolor, fracaso, desconfianza o drama pueda endurecer nuestro corazón o hacernos perder la esperanza. “No demos poder a nada que venga a endurecernos el corazón. La esperanza se funda en que Dios no nos puede abandonar ni retirar la oferta de la plenitud anhelada.

La resistencia y la capacidad de esperanza encarnadas en la fe del pueblo sencillo y en la fe humana de tantos activistas que no se rinden y pelean con creatividad e incansablemente por una sociedad más acogedora, solidaria y humana… nos estimulan.

Dios sueña a lo grande. El profeta Isaías describe estos sueños con hondura poética, con enormes dosis de belleza y de utopía, sueños que conectan con lo mejor de nosotros mismos, con tantos anhelos de justicia, paz y plenitud. Y Jesús concreta y encarna estos sueños: “Decid a Juan lo que estáis viendo y oyendo…” (Mateo 11, 2-6) Dios, a través de los profetas de todo tiempo y de su Hijo, nos invita a adherirnos a estos sueños, a trabajar en la misma dirección para humanizar la vida, las relaciones. Las bienaventuranzas nos invitan a vincularnos a los sueños de Dios para que su Reino llegue, y esa es la tarea de la Iglesia y de la misión: ponerse al servicio del Reino, del sueño de Dios. Las bienaventuranzas, al igual que la dignidad, la resistencia y la fortaleza de tantos pobres son una invitación a la esperanza.

“La esperanza cristiana es muy importante, porque no decepciona. El optimismo decepciona; la esperanza no. La necesitamos mucho, en estos tiempos que aparecen oscuros, en el que a veces nos sentimos perdidos delante del mal y la violencia que nos rodean, delante del dolor de muchos hermanos nuestros. Es necesaria la esperanza. Nos sentimos perdidos y también un poco desanimados, porque nos sentimos impotentes y nos parece que esta oscuridad no termine nunca. Pero no hay que dejar que la esperanza nos abandone, porque Dios con su amor camina con nosotros. Yo espero, porque Dios está junto a mí, porque Dios camina conmigo. Camina y me lleva de la mano. Dios no nos deja solos, el Señor Jesús ha vencido al mal y nos ha abierto el camino de la vida” (Papa Francisco 7-XII-2016).

P. Carlos Collantes sx

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