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PUENTES DE ESPERANZA

Jesús, que pasó su vida derribando muros y barreras, es la mano tendida de Dios que ofrece futuro y esperanza. Con su entrega hace saltar la frontera del mal y de la muerte sumergiéndose en ella. La Resurrección de Jesucristo, manantial de vida y esperanza.

Desde que D Trump anunció la construcción de un imponente muro en la frontera con Méjico, las reacciones críticas han sido inmediatas. Los obispos de Méjico en un comunicado cargado de dolor, escribían: “Como Iglesia que camina en México, seguiremos apoyando cercana y solidariamente a tantos hermanos nuestros que provienen de Centro y Sudamérica, y que van en tránsito a través de nuestro país hacia los Estados Unidos. Expresamos nuestro dolor y rechazo a la construcción de este muro, e invitamos respetuosamente a hacer una reflexión más profunda acerca de los modos como puede procurarse la seguridad, el desarrollo, la activación del empleo y  otras medidas, necesarias y justas, sin provocar más daños de los que ya sufren los más pobres y vulnerables”.

Con anterioridad, Joe Vasquez, obispo de Austín y presidente del Comité de Migración de la Conferencia del Episcopado Americano, había declarado: “Estoy desalentado porque el Presidente (D. Trump) ha priorizado la construcción de un muro en nuestra frontera con México. Esta acción pondrá las vidas de inmigrantes innecesariamente en peligro. La construcción de ese muro sólo hará que los migrantes, especialmente las mujeres y los niños vulnerables, sean más susceptibles a los traficantes y contrabandistas. Además, la construcción de tal muro desestabiliza a muchas comunidades llenas de vida y bellamente interconectadas que habitan pacíficamente a lo largo de la frontera… Queremos construir puentes entre personas, puentes que nos permitan romper los muros de la exclusión y de la explotación”.

Pero, ¿qué sucede a las puertas de nuestra Europa, en las fronteras este y sur? El Mediterráneo se ha convertido en un inhumano cementerio que, tal vez, las generaciones futuras contemplarán con horror e incomprensión.

Amnistía Internacional califica las políticas europeas hacia los refugiados de inmorales e ilegales, y señalan que los gobiernos europeos pueden y deben hacer más para acoger a todas esas personas que han puesto la esperanza de sobrevivir en Europa y cuyo único delito ha sido tener como hogar un país en guerra. Entre ellas, muchos niños y niñas.

Amplios sectores de la sociedad civil, ayuntamientos, asociaciones, grupos eclesiales y comunidades religiosas llevan tiempo manifestándose y ofreciendo su disponibilidad y capacidad para acoger a refugiados; y los gobiernos, casi todos, miran hacia otra parte con un total desdén e indiferencia, prisioneros de miopes estrategias electorales, olvidan lo elemental: la humanidad. No respetan ni sus propios acuerdos y compromisos de acogida. No existe aparentemente ninguna voluntad política de hacer frente a tanto sufrimiento. Cierto, hay que ir a las causas de tanto éxodo forzado: injusticias, hambre, guerras y la primacía de los intereses económicos sobre la persona.

La historia tiene forma de cruz, pero en sus entrañas late la Resurrección. ¿Hacia qué esperanza y compromisos nos empuja el Resucitado?

P. Carlos Collantes sx

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