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Boletín de los misioneros javerianos en España
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  • Carlos Collantes Díez

PASCUA, SUSURRO DE VIDA

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Gritos, ¿para qué sirve un grito? Para hacer presente la justicia de ciertas causas y la dignidad de quienes gritan, para sobrevivir, para expresar el desamparo, para reclamar solidaridad y acompañamiento, para expresar un anhelo, un sueño, una identidad, para… La historia está llena de gritos.

El grito de Jesús: “¿Padre, por qué me has abandonado?” acoge y concentra el grito de todas las víctimas de la historia y penetra con fuerza en el corazón de Dios. Un largo viernes santo… Pero Dios habla con su Palabra rebelde y llena de vida, y con la fuerza del Espíritu resucita a Jesús. Dios se rebela contra la muerte y contra la injusticia que la causa, y desde entonces la Resurrección de Jesús es una tremenda fuerza de insurrección contra la muerte.

El grito de Jesús desencadena y pone en marcha un imparable movimiento de cambio porque atraviesa el corazón de Dios y de ahí sale transformado en fuerza de vida y esperanza. Una utopía –solidaria, inacabada- que los cristianos celebramos en Pascua. Su grito -acogido y transfigurado en el corazón del Padre- se transforma, en la vida de sus discípulos, en otro grito de distinto tono y del mismo alcance: “Hemos visto al Señor”. Un tono gozoso y esperanzado y de alcance salvador frente “al mar de la muerte muda” (Dorothe Sölle).

Pascua, memoria de todas las víctimas, de sus gritos y esperanzas para que no caigan en la nada, el vacío y el olvido… en el silencio de la injusticia. Por eso la Pascua es un relato alternativo, porque recoge la memoria de todas las víctimas, y nos enseña a leer la historia, y también a contarla, de forma distinta; a construir un relato desde la denuncia y la solidaridad, desde la ternura y el acompañamiento, desde la locura de la cruz y la debilidad de Dios. Y este relato nos permite hacer más visible el rastro de Dios en nuestro mundo herido y desgarrado. Pascua antídoto frente al silencio de la injusticia, del mal y de la muerte. 

La esperanza que la Pascua alimenta en nosotros nos habla de un hogar común, cálido, sin exclusiones como el corazón de Dios, corazón que tiene que emerger en las relaciones sociales. Por mucho que intenten engañarnos repitiendo sin cesar que no hay alternativas a la tremenda injusticia actual, gritaremos: sí que hay alternativas, sí que existe otro modo de construir la sociedad, existen otras prioridades necesarias y urgentes: los empobrecidos, los vulnerables.

La cruz nos revela lo inaceptable del mundo que hemos construido, y la Pascua la necesidad y la urgencia de superar lo inaceptable e insoportable. Los verdaderos seguidores de Jesús se rebelan contra este orden injusto y gritan con corazón y manos solidarias al lado de las víctimas, como esa Iglesia pobre al lado de los pobres con la que sueña el papa Francisco. No sólo él…

Pascua, invitación de Dios a cultivar la esperanza… Que sea una fuerza de transfiguración en este mundo donde se siguen levantando cruces, destruyendo esperanzas o vendiendo falsas ilusiones. Dios camina entre nosotros, sus pies recorren nuestros caminos de barro y esperanza. Que la Pascua haga mella en nosotros para que caminemos con la vida al hombro… o a hombros de la Vida… del Resucitado.

P. Carlos Collantes sx

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