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Anne Falola, Misionera de la Congregación de Nuestra Señora de los Apóstoles 27 Julio 2023 7925

La fuerza de la vulnerabilidad


La vulnerabilidad es una cualidad fundamental de toda auténtica misión cristiana, pues estamos llamados a seguir a Cristo, «el cual, aunque tenía la condición de Dios, no consideró un privilegio ser como Dios, sino que se despojó de sí mismo asumiendo la condición de siervo» (Filp 2,6-8). Cristo hace de la vulnerabilidad una forma de ser misioneros y un importante instrumento de la misión.

La llamada del Papa Francisco al proceso sinodal es una llamada a la misión, no desde la posición de poder y autoridad que hasta ahora se tenía. Este objetivo no puede lograrse si no se acepta y abraza la propia vulnerabilidad. Para nosotros, la vulnerabilidad es un valioso bien para la misión, más que una carga que hay que soportar.

A veces se habla de África como el “jardín de la Iglesia en el siglo XX”, por la fascinante afirmación de la Iglesia misma en el continente africano. De unos 4 millones de creyentes cristianos en 1900, hasta contar 300 millones de fieles en el 2000. La misión cristiana se ha desprendido ahora de su vínculo histórico con la colonización o la occidentalización.

Sencillez y energía

A menudo me han preguntado por qué los africanos deberían abrazar misiones que los saquen de su propio continente, dada la enorme cantidad de problemas que ya lo aquejan. A esta pregunta, respondo que la llamada a la misión no es una competición sobre autosuficiencia, a la cual sólo los que no tienen problemas o son fuertes pueden responder. Esta tendencia asocia la misión con el poder, la influencia política, la riqueza material, la colonización y la dominación. Como misionera africana, me veo llamada a modificar esto, a aportar novedad, sencillez y energía, libre de cualquier poder de tipo económico o político.

Mi sueño de convertirme en una misionera heroica, admirada por todos, se vio repentinamente destrozado. Cuando, en 1994, me encontré fuera de África, me di cuenta de que no me acogían como misionera, sino que era considerada una trabajadora emigrante, en busca de una vida mejor. Mi deseo de altruismo y sacrificio total se tambaleó cuando comprendí con asombro que, según la opinión común, África tenía poco que ofrecer. Me di cuenta de que, para muchos, fuera de África, este continente sólo se asociaba a la pobreza, las guerras, la violencia, el caos, a la vida en estadio primitivo, a las enfermedades, los conflictos étnicos, los disturbios políticos y la corrupción. Aunque no se puedan negar estas realidades, África es también una tierra de promisión, gracias a su vida, su juventud, amor a la comunidad, su hospitalidad, generosidad y religiosidad.

Comunión y diversidad

He aprendido a abrazar esta vulnerabilidad que los prejuicios me han impuesto, a la vez que humildemente he hecho mía la dignidad necesaria para cambiar esto. Todos somos víctimas del “síndrome de la narrativa exclusiva”, que se basa en los prejuicios que los demás nutren contra nosotros. Todos llevamos sobre los hombros el peso de nuestras identidades y esto se hace más evidente cuando nos alejamos de nuestros hogares y nos convertimos en objeto del juicio de los demás. La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie nos ha ofrecido esta maravillosa descripción: «No es que la narrativa exclusiva no sea cierta; la cuestión es que no es la única narrativa existente». Como misioneros, estamos llamados a construir comunión dentro de esta diversidad, abrazando su belleza y su fragilidad.

Para concluir esta reflexión, me gustaría desafiarme a mí misma y a cada una de nosotras a abrazar la propia vulnerabilidad. Mi vulnerabilidad como mujer dentro de una sociedad y de una iglesia patriarcales; como africana en un mundo de luchas globales por el poder; como religiosa en un mundo caracterizado por una creciente indiferencia e intolerancia religiosa; como misionera en un mundo xenófobo, llamada a dirigirme a las periferias de un mundo donde sólo el centro cuenta. Esto significa para mí, abrazar la vulnerabilidad desde arriba y desde abajo.

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