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Ha echado todo lo que tenía para vivir

El Evangelio de domingo, nos presenta un bonito testimonio, de una pobre viuda que se acerca calladamente a uno de los cepillos colocados en el recinto del templo, no lejos del patio de las mujeres. Muchos bicos están depositando cantidades importantes. Casi avergonzada, ella echa sus dos moneditas de cobre, las más pequeñas que circulan en Jerusalén. Su gesto no ha sido observado por nadie. Pero frente a los cepillos está Jesús viéndolo todo. Conmovido, llama a sus discípulos. Quiere enseñarles algo que solo se puede aprender de la gente pobre y sencilla. Jesús lo ve de otra manera: "Esta pobre viuda ha echado más que nadie". Su generosidad es más grande y auténtica. "Los demás han echado lo que les sobra", pero esta mujer que pasa necesidad, "ha echado todo lo que tiene para vivir". Solo los pobres son capaces de hacer lo que la mayoría estamos olvidando: dar algo más que las sobras.

COMENTARIOS

  • Dominicos
  • Vicente Martínez: La viuda pobre y Elías. Le dio lo que tenía para ella y para su hijo: un puñado de harina en el jarro y un poco de aceite en la aceitera. Salí al exterior, y grité con todas mis potencias: ¡¡¡No habrá más gritos ya en el desierto!!! Los rayos y los truenos huyeron no sé donde… y el sol brilló de nuevo en las alturas.
  • José Luis Sicre: Viudas buenas y teólogos malos. No es preciso añadir que los discípulos le hicieron poco caso a Jesús y terminaron vistiendo como los escribas, exigiendo reverencias y besos de anillo, ocupando primeros puestos, y devorando bienes de viudas, viudos y casados.
  • José Antonio Pagola: Lo mejor de la iglesia. Los dirigentes religiosos han de ser servidores de la comunidad. Nada más.
  • Rosario Ramos: Otro modo de vivir. Cuando la generosidad no es una obligación moral sino una consecuencia de creer en la dignidad humana.

 

Educar el Corazón: Guido María Conforti

La celebración javeriana del 5 de noviembre en que se hace memoria de san Guido María Conforti, fundador de los misioneros javerianos, nos lleva a sus escritos, en concreto, a un texto inspirador para hacer nuestro el proceso de conversión al cual todos estamos llamados. El número 7 del XVII Capítulo General de los Misioneros Javerianos, celebrado hace poco más de un año, dice: “Las repetidas interpelaciones del Papa Francisco sobre la misión y la misionariedad, nos invitan a colaborar con un proceso de “metanoia eclesial” (cfr. RMi 49), por otra parte, nos invitan a admitir que también nosotros como toda la Iglesia, necesitamos una profunda conversión. En efecto, tenemos que reconocer que no nos encontramos ya en una posición de vanguardia, sino que estamos siendo desafiados por el magisterio pontificio a reexaminar nuestra visión, nuestro modo de ser, nuestra espiritualidad y nuestros proyectos. También nosotros, por lo tanto, necesitamos “una fuerte sacudida que nos impida instalarnos en la comodidad, el estancamiento y la tibieza[1], en términos de “un decidido proceso de discernimiento, purificación y reforma (EG 30)”.

El texto subraya la necesidad que tenemos de una “profunda conversión”, aunque referida a nuestra misión, ésta hunde sus raíces en el corazón de cada uno. Cuando Conforti habla de conversión de inmediato habla del corazón. Es uno de los ejes de su espiritualidad interior que invita a educar el corazón.

No se conoce la propia vida si no se conoce el corazón, no se hace uno dueño de sí mismo si no ha dominado su propio corazón, porque la vida va donde el corazón la conduce. Los problemas más grandes que la humanidad tiene frente a sí son los problemas del corazón, porque los demás no nos traen tantas tempestades y no son motivo de tantas angustias. Igualmente, en mi vida privada los problemas más graves son los que surgen en mi corazón, y me encuentro en paz cuando mi corazón está libre, estoy contento cuando mi corazón es bueno; las grandes amarguras de la vida provienen de las heridas y desviaciones del corazón. Pero en el corazón hay dos aspectos distintos que hay que considerar, porque a veces es fuente de bien incomparable, y en otras es un detestable artífice del mal. Nada existe más grande y más bello que las obras del corazón, cuando es bueno; nada hay más bajo y deshonroso que los caprichos abyectos del corazón cuando se vive de mala manera. Y ya que el corazón es un instrumento admirable de bien, es necesario no apagar, sino alimentar su llama benéfica; pero, ya que puede convertirse en un terrible agente del mal, es necesario sujetarlo con pulso firme y vigilante por el temor de que se pierda. Los movimientos espontáneos de un buen corazón son: la compasión, la benevolencia, la devoción y la amistad” (San Guido María Conforti ,1917-1925, Luces e inspiraciones escritas durante los retiros y ejercicios FCT 20, 185-186).

Educar el corazón es pues una invitación confortiana oportuna cuando se trata de conversión. Además, lo sabemos, esta no depende de nosotros, el deseo tampoco, sin embargo lo que sí depende de nosotros es acoger esta llamada de Dios a la conversión y docilidad para dejarnos hacer. Lo que no siempre es fácil y sin embargo sí necesario para nuestra felicidad. Un corazón misionero que desea anunciar a Cristo a aquellos que aún no han tenido la gracia de encontrarle educa su corazón.

San Guido María Conforti, padre de misioneros, intercede por nosotros.

Rolando Ruiz Durán sx

 

[1] Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones (2012)

Amarás al Señor tu Dios con todo tu ser

En el evangelio de este domingo, nos viene propuesto reflexionar sobre el amor. Casi nadie piensa que el amor es algo que hay que ir aprendiendo poco a poco a lo largo de la vida. La mayoría da por supuesto que el ser humano sabe amar espontáneamente. Por eso se pueden detectar tantos errores y tanta ambigüedad en ese mundo misterioso y atractivo del amor. Para Jesús, el amor es la fuerza que mueve y hace crecer la vida, pues nos puede liberar de la soledad y la separación para hacernos entrar en la comunión con Dios y con los otros. Pero, concretamente, ese "amar al prójimo como a sí mismo" requiere un verdadero aprendizaje, siempre posible para quienes tienen a Jesús como Maestro y hacen una opción por vivir su fe comunitariamente. La primera tarea es aprender a escuchar al otro. Tratar de comprender lo que vive. Sin esa escucha sincera de sus sufrimientos, necesidades y aspiraciones no es posible el verdadero amor. Lo segundo es aprender a dar. No hay amor donde no hay entrega generosa, donación desinteresada,regalo. El amor es todo lo contrario a acaparar, apropiarse del otro, utilizarlo, aprovecharse de él. Por último, amar exige aprender a perdonar. Aceptar al otro con sus debilidades y su mediocridad. No retirar rápidamente la amistad o el amor. Ofrecer una y otra vez la posibilidad del reencuentro. Devolver bien por mal.

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