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Carlos Collantes Díez 12 Julio 2016 1817

PUEBLO DE DIOS EN MARCHA


Adolfo Zon, compañero nuestro, ha pasado unas semanas de vacaciones en familia y entre nosotros. Tras su ordenación en 1986 trabajó sus primeros años en la comunidad que entonces teníamos en Burlada (Navarra) y desde allí salió para Brasil.

 

Adolfo, llevas ya 21 años en Brasil, ¿puedes describirnos el tipo de trabajo-presencia que has vivido a lo largo de estos años?

En estos 21 años después de unos meses de estudio de la lengua portuguesa y de una aproximación e inserción en la cultura amazónica, el obispo de Abaetetuba me confió la Parroquia de Nuestra Señora Reina de la Paz en la región de las Islas de Abaetetuba para acompañarla pastoralmente. Un área localizada en la desembocadura del Rio Tocantins y donde a lo largo de los numerosos ríos que la caracterizan se encuentran diseminadas las 62 comunidades eclesiales que forman la parroquia. Evidentemente, como medio de transporte para desplazarnos a cada comunidad usamos un barco.

En la actividad pastoral, siempre estuve acompañado por seglares, junto con ellos y con su valiosa colaboración, fuimos asumiendo las diferentes y variadas actividades pastorales: acompañamiento de las comunidades para las celebraciones litúrgicas, reuniones de formación para los animadores y coordinadores de las comunidades y de las diversas pastorales (catequesis, pastoral de infancia, pastoral de la juventud, pastoral social, pastoral litúrgica…) Como instrumento para el  servicio de las diversas actividades pastorales hay un Centro en la ciudad de Abaetetuba donde cada mes se realizan las reuniones con los diferentes animadores y donde se ofrecen también los cursos de formación, tanto espiritual como pastoral, teniendo como base la Palabra de Dios. Durante estos años fue tomando cada vez más fuerza, en las comunidades y en los grupos, la “Lectura Orante” de la Palabra de Dios.

Ha sido para mí una experiencia muy enriquecedora ya que he compartido muy de cerca la vida de las personas que viven a lo largo de los ríos y he podido sentir con ellos las dificultades y los logros, las alegrías y las penas.

Transcurridos siete intensos años tuve la oportunidad de estudiar durante dos años teología pastoral. Al volver, el obispo me pidió que -además de atender pastoralmente un barrio de la periferia de la ciudad de Abaetetuba y de ayudar a un compañero, el padre Masi que estaba atendiendo otros dos barrios más- me responsabilizase de coordinar la “Escuela Diocesana de Evangelizadores” con el objetivo de capacitar seglares para acompañar pastoralmente las comunidades tanto del interior como de las ciudades de nuestra diócesis. En estos últimos años, y sin dejar la actividad pastoral con el pueblo, he trabajado más en tareas formativas de acompañamiento y capacitación de agentes de pastoral en distintas parroquias y en otras diócesis cercanas.

Y actualmente desde el mes de marzo estoy iniciando una nueva experiencia pastoral como párroco en la Parroquia de San Francisco Javier en la periferia de la ciudad de Bélém do Pará. En estos primeros meses he podido ya encontrar y conocer a numerosas personas implicadas en las diferentes actividades pastorales y comprometidas en la acción evangelizadora, no solo de la parroquia sino también en otros ámbitos más amplios: en la zona pastoral y en pastorales más específicas a nivel diocesano.

¿Cuáles son los ámbitos de trabajo en los que los javerianos están más presentes y comprometidos?

Los javerianos, en la región amazónica estamos presentes en la archidiócesis de Belém do Pará y en las diócesis de Abaetetuba, Xingú y Concepción de Araguaia.

Nuestra acción pastoral se desenvuelve en varios ámbitos: en la Pastoral Indigenista con el Consejo Indigenista Misionero (CIMI) acompañando las aldeas del sur del Estado de Pará sobre todo el grupo Kayapó;  en la pastoral parroquial nos dedicamos a la creación y animación de comunidades eclesiales y a la formación de los animadores y agentes de pastoral; en la pastoral social acompañamos algunas presencias o tareas específicas como la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), y también ofrecemos cursos sobre la dimensión socio-transformadora de la fe en algunas parroquias y en pastorales más específicas o sectoriales. También  estamos comprometidos en la animación misionera y vocacional y en la formación de futuros misioneros. 

¿Cuáles son los principales retos o desafíos de la diócesis en donde trabajas… o las prioridades, líneas de acción pastoral?

Los desafíos son numerosos sea en el campo socio-económico como en el religioso y cultural. Dadas sus enormes riquezas naturales, Amazonia provoca ambición y está, por ello, atrayendo grandes proyectos en nombre de la auto-sustentabilidad (soja, dendê, biodiesel, exploraciones mineras y siderurgias) que, a la vez que la despojan, deja numerosos problemas ecológicos y socio-ambientales. Los pueblos que habitan la Amazonia son más importantes que las plantas y los animales.

Los obispos latinoamericanos reunidos en su V Conferencia en el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida nos han pedido pasar de una pastoral de conservación y mantenimiento a una pastoral misionera. Es decir, se trata de crear las condiciones para que los hombres y mujeres de nuestro pueblo puedan hacer la experiencia del encuentro con Jesucristo, y así pasar de una fe sociológica a una verdadera opción por el Reino de Dios y su justicia.

En este sentido, los obispos de Brasil nos han propuesto para estos años las siguientes urgencias que deben orientar todos los Planes Pastorales de las Diócesis y Parroquias:

  • Una Iglesia en permanente estado de misión;
  • Una Iglesia, hogar de iniciación a la vida cristina;
  • Una Iglesia, casa de la Palabra de  Dios;
  • Una Iglesia, Comunidad de comunidades;
  • Una Iglesia al servicio de la vida plena.

Como podemos fácilmente imaginar son urgencias muy comprometidas y que necesitan tiempo y personas para poder hacerlas realidad. En estos años, en la diócesis de Abaetetuba, con muchas dificultades, estamos consiguiendo realizar algunas acciones concretas para llevar adelante estas urgencias. 

Brasil es muy grande, los javerianos estamos también en otras diócesis del sur del país, ¿en qué medida la dimensión misionera o la misión ad gentes está presente en las diferentes diócesis?

En el ambiente organizativo la dimensión misionera está presente en muchas diócesis de Brasil por medio de los Consejos Misioneros Diocesanos, que son los responsables de organizar la animación misionera en cada Iglesia local. En ellos están presentes personas de las diversas pastorales. Tienen una buena actuación en la organización de las diversas campañas misioneras. Falta una mayor incidencia en las bases tanto en las parroquias como en las comunidades. Falta también una mayor conciencia de la misión “ad gentes” que muchas veces se limita a una evangelización en el propio entorno.

¿Qué podemos aprender de la Iglesia en Brasil?

Cada comunidad cristiana tiene que aprender de su propia realidad o contexto en donde vive, pero sí que es muy positivo y enriquecedor conocer y compartir las diversas experiencias que nos pueden animar y ayudar a afrontar y responder a los propios desafíos.

Mientras terminábamos de ultimar la entrevista y apenas de regreso a su Brasil, nos llega la noticia de que nuestro hermano Adolfo ha sido nombrado obispo auxiliar de la diócesis de Alto Solimões. Le confiamos fraternal y confiadamente a la bondad y a la sabiduría del Señor, verdadero Pastor de nuestro pueblo. Como hermanos, le deseamos lo mejor “en el Señor” y le damos nuestro mejor abrazo de PAZ.

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