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Ángel De La Victoria León, SX 13 May 2024 8301

Jesús nos entrega el testigo


LA ASCENSIÓN, JESÚS VA JUNTO AL PADRE

Hace pocos días celebrábamos la solemnidad de la Ascensión del Señor al cielo. Es una gran fiesta misionera. El libro de los Hechos de los Apóstoles narra cómo Jesús cuarenta días después de su resurrección fue elevado al cielo. En primer lugar, debemos entender bien qué significa eso de ir al cielo. Los judíos no podían nombrar a Dios y es por este motivo que utilizan expresiones como el cielo, la nube… para hablar de Dios sin nombrarlo.

Así comprendemos que ir al cielo significa que Jesús fue junto a su Padre, que volvió al Padre. Algunos pueden pensar que Jesús abandonó a sus discípulos y los dejó solos, desentendiéndose de todo lo que les podía ocurrir. Pero no es en absoluto lo que el texto nos dice ya que el libro de los Hechos afirma cómo antes de ser elevado al cielo Jesús dijo a sus discípulos estas palabras: “vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra”.

JESÚS NOS HACE CONFIANZA

Jesús no abandona, sino que hace confianza a sus discípulos y a cada uno de nosotros. No nos deja solos, ni se desentiende de nuestra vida, sino que nos promete su Espíritu Santo, su fuerza que nos acompañará siempre. Jesús nos hace confianza, nos trata como adultos y por eso nos invita a continuar sobre la tierra con la misión y la tarea que Él comenzó. La de hacer que esta tierra sea cada vez más hermosa y que en ella todos puedan tener una vida digna.

La Ascensión es la fiesta de la responsabilidad, del compromiso y el libro de los Hechos sigue diciendo: “Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?”.

La Ascensión de Jesús es una invitación a descender, a volver a la ciudad, al pueblo, a dejar las alturas y las nubes, a ponernos manos a la obra y continuar la misión de Jesús. Así lo entendieron los primeros discípulos que se lanzaron al mundo, sin miedos. Jesús no desaparece, sino que está presente de otro modo, no podemos verlo con nuestros ojos, tocarlo con nuestras manos o escucharlo con nuestros oídos. Estamos invitados a ser testigos suyos hasta el confín de la tierra.

INVITADOS A PASAR EL TESTIGO Y SEGUIR LA CARRERA

Hablamos de testigos en los juicios o en ciertas celebraciones como bautizos, confirmaciones o bodas. El testigo es aquel que ha visto, oído y da fe. En las carreras de relevos el bastoncillo que pasa un corredor al otro se llama TESTIGO. Pues en la Ascensión ocurre lo mismo, Jesús termina su carrera y nos pasa el testigo para que continuemos con la nuestra. Cada uno de nosotros somos importantes y tenemos que correr nuestro tramo, tenemos que implicarnos para seguir realizando la misión que Él realizó, la de humanizar el mundo, la de luchar para que el Reino de Dios se haga cada vez más presente en nuestra tierra.

Sigamos con nuestra tarea de liberar, curar, llevar la alegría, ofrecer el perdón, luchar por la vida, anunciar la misericordia de Dios. Acojamos nuestro testigo y corramos nuestra carrera.

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