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Rebeca M Romero 16 Enero 2023 6844

Navidad improbable en Marruecos


Comienzo este artículo presentándome, me llamo Rebeca, soy madrileña y tengo 28 años. El pasado año 2022, tuve la oportunidad de pasar la Navidad en Marruecos junto con mis padres en la casa de los Misioneros Javerianos en Fnideq y en diversas ciudades del norte del país acompañando a varias congregaciones.

El P. Rolando, misionero javierano y un amigo muy querido de mi familia, nos había invitado, tras el fallecimiento de mi abuela, a pasar la Navidad junto a él en Fnideq y a acompañarle por el resto de las ciudades donde trabaja y está presente la Iglesia. Otros años, hubiésemos pasado las fiestas acompañando y cuidando de mi abuela, pero tras su ausencia, tenía sentido para nosotros atrevernos a pasar unas Navidades distintas. Por esto, nuestra experiencia de Marruecos no se ha tratado de un voluntariado, o un campo de trabajo, sino de una situación singular motivada por nuestros nexos personales, en la que pudimos ser testigos, entre otras cosas, de cómo es la presencia de una parte de la Iglesia en aquel país.

Por lo que nos habían contado de Marruecos, el país se presentaba como un país improbable donde hacer misión. Pese a esto, distintas congregaciones católicas están presentes en diversas ciudades, sobre todo en calidad de socorro a los más necesitados: promoción de la mujer, apoyo a la infancia en riesgo de exclusión, guarderías y apoyo escolar.

Hay mil pequeñas experiencias y matices que se pueden percibir en un viaje a Marruecos acompañando a personas que han entregado su vida a la misión, y al amor al distinto, pero en este artículo he escogido centrarme en dos momentos con especial significado por sí mismos: La Nochebuena y La Navidad.

La noche de Nochebuena la pasamos con las hermanas de dos congregaciones a las que tuvimos la suerte de conocer en mayor profundidad: Las Hijas de la Caridad y las hermanas de La Fundación Mary Ward. Aparte de su enorme hospitalidad y cariño, de ellas me llevo el testimonio de la entrega a la que han decidido dedicar su vida.

Desde el punto de vista creyente, el hecho de dar servicio a los más pobres en un país donde además no se puede anunciar el Evangelio, hace que sus acciones hablen con el doble de potencia. Con su vida, y con la palabra justa permitida, se ve en ellas una experiencia de Dios y una entrega al otro abrumadora.

Aunque a nadie sorprende la excepcionalidad de estas mujeres, ésta era mi primera experiencia con monjas haciendo su labor en un país no católico. Creo que presenciar en primera persona su fe y entrega al prójimo, se parece mucho a presenciar el bálsamo que para muchas personas de fe profunda es Cristo. Desde un punto de vista agnóstico, el bálsamo, aunque mudo de fe, sigue siendo bálsamo.

La Navidad también fue una ocasión especial. A la comida de Navidad se nos unió un grupo de musulmanes sufíes, que quisieron acompañarnos en esta ocasión especial para los católicos.

Me pareció hermoso el paralelismo de ambos gestos. En la Navidad se celebra algo inabarcable, que Dios se ha hecho hombre, a través de un gesto sencillo, el nacimiento de un niño. Por otro lado, en un mundo lleno de fronteras -tanto físicas como ideológicas-, presencié un gesto sencillo; varias familias de culturas y credos distintos reuniéndose para acompañar al otro en una comida. En esta ocasión, un grupo de musulmanes acompañando en la comida de Navidad a un grupo de cristianos.

No hubo grandes palabras, solo deseo de paz, amor, convivencia. Un pequeño gesto improbable, entre un reducido grupo de personas, pero de sentimientos e ideas tan hermosas, que hace que se convierta en un motor de inspiración enorme.

Rebeca M Romero, Madrid 2023Ksar El Kebir

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