SER TESTIGOS DE ESPERANZA Y ALEGRIA A IGUAL QUE SAN FRANCISCO JAVIER
He tenido la gracia de haber participado por el tercer año consecutivo de la Novena de Gracia en honor a San Francisco Javier que va del 04 al 12 de marzo, en la Parroquia y Santuario de Nuestra Señora de África, en Ceuta. El 12, tras la misa de 20h, el Santo misionero salió en procesión hasta las Murallas Reales, como signo de que somos una iglesia misionera en salida y estamos siempre en camino. Hace ya unos 60 años que se empezó la novena. Antes eran los Jesuitas los responsables de la predicación. Y desde hace unos 8 años, somos los misioneros Javerianos a seguir con la tradición.
Para mí es un regalo, una ocasión para a profundizar la vida de san Francisco Javier y crecer con su testimonio en el celo misionero. Desde niño me encanta la vida de San Francisco. Lo veía como un súper héroe. Por su valentía, entusiasmo, en contagiar a los demás esta alegría de ser misionero. Él que deja todo, por amor a Jesús y a los hermanos y va a proclamar el evangelio a toda criatura.
Que alegría sentí en mi corazón, el poder decir a la gente en la novena, todo lo que el espíritu misionero de este santo, ha influido en mi vida y mi vocación misionera. Que su testimonio sigue vivo, sigue sembrando en mi interior ese fuego que le consumía y que le impulsaba a proclamar día tras día, el nombre de Jesús a todos.
Francisco Javier es unos de los primeros misioneros a consagrarse totalmente a Jesús, dejándolo todo, y en un barco se fue bordeando toda África, muy probablemente pasando por Ceuta, por supuesto, hasta llegar a Asia. Donde con mucha alegría, entrega, entusiasmo y confianza en Dios, transmitió el evangelio de Jesús, a mucha gente. Su sueño era llegar a China, sin embargo, no fue posible.
Se quedó a las puertas. Murió, pero, su huella sigue viva. Pues, la vida de quien se da por amor a Dios y a los hermanos, será siempre fecunda. Y así lo fue. Hoy su ardor misionero, sigue presente en cada persona que se entrega incansablemente a la predicación del Evangelio. Y entre tantas personas, estamos nosotros, los misioneros javerianos. Consagrados a Dios y la misión para seguir ese sueño de San Francisco Javier que ha sido compaginado con el sueño de San Guido María Conforti:” Hacer del mundo una sola familia en Cristo”.
Muchos devotos de San francisco, acudieron con alegría a la novena y escuchaban con atención la predicación. Después se acercaban a la imagen de San Francisco Javier para hacer sus peticiones. Y me encantó ver algunos pocos matrimonios, que llevaban a sus hijos a los pies de la imagen para rezar.
Uno de los rasgos característicos de San Francisco Javier, que siempre me gustó fue el del misionero entregado, se hizo uno con los demás. Eso nos recuerda que la vida tiene sentido, tiene valor al compartirla, al darla por amor a los otros, en la vida diaria. Y si por egoísmo, alguno toma su vida para sí mismo, la vida seca, la vida muere. No sirve. Quién vive para sí mismo, terminará perdiendo la vida. ¡Que Dios nos libre de una vida así!
Regreso a mi vida diaria con un corazón agradecido, a San Francisco Javier, por haber reanimado en mí el ardor misionero, por haberme ayudado a recordar mi primer encuentro con Jesús, ese primer amor, que me cambió la vida. Ese amor con el que Jesucristo ha encendido en mi corazón el amor por la misión. Ese amor que me ha abierto a una vida intensa, apasionante y llena de alegría.
Regreso también con un corazón inquieto, con el deseo y el reto de entusiasmar a otros jóvenes en la tarea misionera de la Iglesia, y animar a que muchos otros también se entreguen a esta tarea evangelizadora, que es nuestra esencia, nuestra identidad más profunda.
IVANILDO DE SOUSA QUARESMA, SX
