“SÉ DE QUIÉN ME HE FIADO” (2 Tm 1,12): Y TÚ, ¿DE QUIÉN TE FÍAS?
Ejercicios Espirituales
Santiago de Compostela, Julio de 2020
Después del largo tiempo de confinamiento que me ha tocado vivir, he tenido la gracia de pasar unos días de retiro, en Santiago de Compostela. Precisamente en el monasterio San Pelayo, de las Benedictinas. Para mí, ha sido una experiencia maravillosa y muy enriquecedora. Siempre es bueno dedicar un tiempo a escucharse, a sí mismo y al Señor. Es fundamental aprender a encontrarse con Él. Estos días me han ayudado a parar, mirarme delante del Señor y poco a poco hacer silencio en mi interior y ver, sentir cómo me mira, volver a experimentar su llamada tranquila, serena, paciente. Vuelvo a sentir tanto bien recibido… que vivo la alegría de decir: “Sé de quién me he fiado.” Descubro la inmensa pequeñez de mi persona, de mis limitaciones, y experimento lo Buen Padre que es y que me quiere así, como soy, con mis luces y mis sombras, que su amor es incondicional y lleno de misericordia. Vivo estos días, como un regalo. Llenos de oración, contemplación, y de intimidad con su Palabra. Santiago de Compostela es un lugar que me encanta. Cada rincón, el aire que se respira, la preciosa Catedral, los pelegrinos, incluso el sonido de las campanas. En definitiva, es un lugar místico, con todo su esplendor.
Para mí, encontrarme con el Señor, en este ambiente sagrado, ha sido ocasión para ratificar mi fe, mi confianza y, sobre todo, mi esperanza en Él. La alegría que experimento en mi corazón es tanta, que no me canso de repetir: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque su amor es para siempre." Dan 3, 89; salmo 136. El retiro me ayuda, a observar la vida con más perspectiva, desde el corazón de Dios, con el deseo de adaptar la vida, mi vida, a esa forma de mirar y hacer de Dios. De ahí la importancia y la necesidad de hacer silencio interior, para poder escucharlo. Para poder comprenderlo, para poder estar conectado con Él. Mi experiencia vivida es de agradecimiento y de petición. Agradecimiento por tanto bien recibido, por experimentar que todo es don de Dios, regalo. Que todo lo que soy y todo lo que tengo, no es mérito propio, es de Dios. Lo que le pido es Su Gracia para revertir los dones recibidos y así disponerlos con alegría y con amor, a los más vulnerables de Su reino. Le pido que me conceda la gracia de aumentar mi fe, la gracia de la oración, la gracia de dejar hablar al Espíritu que habita en mí.
Estos días de retiro he rezado con mucha intensidad, fe y esperanza, por todos los que sienten la necesidad de Dios, por los que todavía no Le conocen, por toda la humanidad. Poniendo nombre y rostro de muchas personas que me lo han pedido. Sobre todo, en este periodo de coronavirus, donde hemos experimentado la impotencia, la vulnerabilidad y la incertidumbre en relación a nuestro futuro. Todo eso, tuvo un gran impacto de forma directa e indirecta sobre nuestra salud psicológica, afectiva, relacional y espiritual. Donde mucha gente, ha visto su fe puesta a prueba.
Comparto dos pensamientos bíblicos, que me han inspirado, llenado el corazón y mis ganas de conocer y seguir todavía más al Señor. “El Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: “Pídeme lo que quieras.” Respondió Salomón: “Señor, Dios mío, da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien…Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: “por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas…te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.”
Dios se manifiesta a Salomón porque quiere saber qué hay en su corazón. En la respuesta que surge espontáneamente del alma, me doy cuenta de la calidad de mi corazón. ¿Qué quiero pedirle a Dios ahora mismo? ¿Se producirá el milagro que le pido? Dios no es como una máquina que dispensa bebidas que obedece mis órdenes. No es automático, al menos no de la manera que espero. Esta pregunta rompe mi resistencia al preguntar. ¿Qué necesito? ¿Con qué sueño? ¿Qué quiere mi corazón? ¿Cómo quiero sostenerme si no estoy íntimamente conectado con Él?
Salomón es muy sensible en sus deseos, pide al Señor un corazón dócil, su respuesta nunca deja de sorprenderme. Podría haber pedido paz, riqueza, descendencia. Podría haber deseado una vida plena, sin fallas, sin angustia. Una vida tranquila y confortable. Podría haber pedido pasar a su padre David. Pero no lo hace. Solo requiere sabiduría. Pide un corazón dócil para gobernar, un corazón capaz de discernir el bien del mal. Me encanta la respuesta de Salomón, y me ayuda a rezar y a crecer en la fe. Pues, en estos días de retiro, yo también, en mis conversaciones intimas con el Señor, he pedido sabiduría, he pedido un corazón noble, he pedido paciencia y humildad. Un corazón sabio trata de hacer la voluntad de Dios en todo. Docilidad y sabiduría. Son posibles solo cuando vivo anclado al corazón de Dios. Sólo en Él, puedo encontrar todas las respuestas que busco.
Estas otras palabras de Mateo también me han acompañado en estos días. mi alegría en continuar siguiendo a Jesucristo, con estas palabras, que también me han acompañado en estos días: así como el hombre que encontró el tesoro escondido en el campo, después va lleno de alegría, vende todos sus bienes y compra aquel campo, así como aquel ciudadano que vendió todo lo que tenía para comprar el tesoro porque encontró ahí un gran valor, así ocurrió conmigo. (Mt 13, 44). Para mí, este tesoro es Cristo. Haberlo encontrado, conocido y haberlo seguido ha sido la mejor experiencia que he hecho en mi vida. Me ha abierto a una vida intensa, apasionante y llena de alegría. A Él quiero conformar toda mi vida, enraizar mi existencia en la suya, porque Él es mi tesoro, y su misión es mi alegría de vivir.
Ivanildo de Sousa Quaresma, sx
