ESCUCHAR A JESUS AQUÍ Y AHORA
En este segundo domingo de Cuaresma escuchamos en el Evangelio el relato de la transfiguración del Señor. Vislumbramos la gloria. Se nos anticipa el cielo. De algún modo, recién iniciada la andadura cuaresmal, se nos deja entrever cuál es el final de la misma. La resurrección, realidad gloriosa del ser, da sentido a nuestro caminar. Hoy, son bastantes las personas que prescinden de Dios para enfrentarse solos a su vida, sus deseos, miedos y expectativas. No es tarea fácil. Vivimos sumergidos en una «cultura de la intrascendencia», que ata a las personas al «aquí» y al «ahora», haciéndoles vivir solo para lo inmediato, sin apertura alguna al misterio último de la vida. Nos movemos en una «cultura del divertimiento» que arranca a las personas de sí mismas y les hace vivir olvidadas de las grandes cuestiones que llevan en su corazón. El hombre de nuestros días ha aprendido muchas cosas, está informado de cuanto acontece en el mundo que le rodea, pero no sabe el camino para conocerse a sí mismo y construir su libertad. Muchos suscribirían la oscura descripción que hacía el director de La Croix, G. Hourdin, hace algunos años: «El hombre se está haciendo incapaz de querer, de ser libre, de juzgar por sí mismo, de cambiar su modo de vida. Se está convirtiendo en el robot disciplinado que trabaja para ganar el dinero, que después disfrutará en unas vacaciones colectivas. Lee las revistas de moda, ve las emisiones de televisión que todo el mundo ve. Aprende así lo que es, lo que quiere y cómo debe pensar y vivir». Necesitamos más que nunca atender la llamada evangélica: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo». Necesitamos pararnos, hacer silencio y escuchar más a Dios revelado en Jesús. Esa escucha interior ayuda a vivir en la verdad, a saborear la vida en sus raíces, a no malgastarla de cualquier manera, a no pasar superficialmente ante lo esencial. Escuchando a Dios encarnado en Jesús descubrimos nuestra pequeñez y pobreza, pero también nuestra grandeza de seres amados infinitamente por él. Cada uno es libre para vivir escuchando a Dios o dándole la espalda. Pero, en cualquier caso, hay algo que hemos de recordar todos, aunque resulte escandaloso y contracultural: vivir sin un sentido último es vivir de manera “in-sensata”; actuar sin escuchar la voz interior de la conciencia es ser un “in-consciente”.
COMENTARIOS:
- Enrique Martínez Lozano: Seres transfigurados. Como en la alegoría de la caverna de Platón, encerrados en la oscuridad de una mente enclaustrada, no somos conscientes de que vemos “sombras” y tachamos de “locura” cualquier otra realidad que trascienda los límites mentales.
- Fray Marcos: Lo divino en Jesús y en nosotros es nuestra esencia. No tenemos que transfigurarnos sino descubrir que vivimos desfigurados.
- José Antonio Pagola: El riesgo de instalarse. Tarde o temprano, todos corremos el riesgo de instalarnos en la vida, buscando el refugio cómodo que nos permita vivir tranquilos.
- Magdalena Bennasar: Dejar lo seguro por lo posible. Sentir la promesa de una tierra nueva: de un planeta y una comunidad humana en armonía, en diálogo constructivo de vida.
