Las palabras de Jesús nos indican el camino que tenemos que seguir, y que Él ha seguido primero
REFLEXION DE LA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS (Mt 5,1-12)
Y ahí de nuevo esta solemnidad, estas palabras del evangelio de Mateo que vuelven, a nuestra vida, a nuestros oídos, en esta fiesta que celebra a esas hermanas y hermanos que viven en la luz y la plenitud de Dios, amparo y protectores de nuestro vivir cotidiano. Pero … ¿no está demasiado lejos, este paraíso que se nos promete? Además: ¿De verdad que … Dichosos? ¿Dichosos Rusia y Ucrania, Oriente Medio, Sudán, Myanmar (Birmania), República Democrática del Congo (RDC), Somalia, Sahel y Magreb, México, Ceuta, …? ¿Dichosos enfermos, oprimidos, maltratados, …?
Este texto, nos lo recuerdan los biblistas, constituye, en el evangelio de Mateo, «la catequesis bautismal de la Iglesia primitiva. Esta catequesis bautismal explica quiénes son los hijos de Dios, la naturaleza del bautismo y el nacimiento a una vida nueva, que comienza con las Bienaventuranzas y continúa, como sabemos, con todo el Sermón de la Montaña; cabe señalar, además, que a este discurso de Jesús le siguen diez milagros» (cf. F. Clerici, S. Fausti). Es importante este “quienes son los hijos de Dios” ya que, es el corazón de lo que celebramos: no se trata de decir la ‘imposibilidad-a-vivir-el evangelio’ [ya no sería una … buena noticia …] sino más bien sentir que, esas palabras de Jesús nos indican el camino que tenemos que seguir, y que Él ha seguido primero. Por esta razón Pablo en sus cartas saluda a los cristianos que están en Corinto, en Filipos, Éfeso, … llamándoles SANTOS (cf. 1Cor 1,2; 2Cor 1,1; Fil 4,2; Ef 1,1; …).
Entiendo, entonces, mis hermanas y hermanos del Chad que, al acoger en su mente y su corazón, estas palabras, lograban seguir afrontando su vivir cotidiano percibiendo que ese Jesús les movía a cambiar de ‘mirada’ y de vida. Y si no había un monte en el cual subir, ahí estaba el techo de una choza [… un día, una reunión de jóvenes en un pequeño pueblo, durante la cual se representaban algunos textos del evangelio, por no haber montañas en nuestra sabana, un joven subió al techo de una choza para proclamar este evangelio ¡Dichosos …!] había, esto sí, un lugar concreto, donde poner en práctica esas palabras de vida.
O Renzo Petraglio, biblista que cada año, en tiempos no exactamente de paz y sosiego, en el verano, iba por los barrios norte de Buyumbura para ayudar a entender la Palabra de Dios y, en una homilía de un domingo, recordaba a los jóvenes, que ‘Dichosos’ es una invitación, en su sentido más profundo, a levantarse, a retomar ánimo, porque Dios es nuestro Padre, y esto supone que somos hermanas/os.
Mateo pone, después del discurso de la montaña el relato de diez milagros porque ser discípulo de Jesús, significa comprometerse en favor de la vida, la paz, el bien de todas/os: dichosos porque, en Jesús, el mundo vuelve a ser la concretización del sueño de Dios.
¿Cómo respondo, yo, hoy, a esta necesidad/obligación, de concretar el Sueño de Dios, de hacer que, hoy, aquí, su Reino se haga realidad y vida?
Las bienaventuranzas representan el manifiesto del Reino. Nos dejan intranquilos, no de una inquietud angustiante o atormentadora, sino más bien de una inquietud que nunca te permite decir: «Ya está, se acabó»; porque, si realmente hubiera terminado, no tendría sentido continuar.
Lo recordábamos hace poco: “… valientes en dar testimonio al Evangelio, anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura” (oración del Domund 2026).
