Estamos en el séptimo domingo del tiempo ordinario (A). En el Evangelio de Mateo, escuchamos a Jesús que dice: “Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Yo, en cambio, os digo: “Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”. A quien quiere seguirlo, Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades y en el mundo. Jesús no conoce más que una ley, la ley del amor, y saca de ella todas sus consecuencias, y hasta los últimos detalles. Esto a algunos los entusiasma y a otros los llena de indignación. Y a nosotros, ¿nos entusiasma Jesús con sus exigencias? Podría suceder que las escucháramos con unos oídos tan distraídos y tan habituados, que ni siquiera nos impresionaran.
El cristianismo no es una religión fácil. Es decir, ser un cristiano auténtico exige sacrificio, heroísmo, renuncia al odio, al rencor y a la venganza… Feliz el que sabe dar el primer paso para acercarse. Porque no hay nada mejor que en un conflicto uno perdone al otro, abandone su posición, deje de devolver el golpe. No hay más que una salida: comenzar a amar. Descubrir en cada hombre a Jesús. Jesús vino para salvarnos, para mostrarnos el camino, el único camino para salir de las arenas movedizas del pecado, y este camino de santidad es la misericordia, que Él ha tenido y tiene cada día con nosotros. Ser santos no es un lujo, es necesario para la salvación del mundo. Esto es lo que el Señor nos pide. Como cristianos y discípulos de Jesús, estamos llamados a anunciar el amor en que creemos y testimoniar la esperanza que nos habita con una fe activa por el amor, una fe que se encarna en el amor.
José Luis Sicre: De la venganza al amor.El evangelio de este domingo sigue con el tema del legalismo de los escribas añadiendo un nuevo recurso: cambiar la norma por otra nueva. Lo hace hablando de la venganza y de la relación con el prójimo.
Dolores Aleixandre: Locuras y arrebatos. Encontrar el Reino, según Jesús, desencadena toda clase de locuras e incongruencias: perdedores que ganan, granitos de mostaza convertidos en árboles, céntimos entregados que valen una fortuna, últimos que resultan primeros, caminantes descalzos que pisan escorpiones.