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Robertus Kardi 30 Abril 2020 2458

PARA QUE TENGAN VIDA, Y LA TENGAN ABUNDANTE


El cuarto domingo del tiempo de Pascua se caracteriza por el Evangelio del Buen Pastor, que se lee cada año. Es bellísima esta parábola. El misterio de la voz es sugestivo. …Por el tono de una voz percibimos el amor o el desprecio, el afecto o la frialdad. La voz de Jesús es única. Si aprendemos a distinguirla, Él nos guía por el camino de la vida, un camino que supera también el abismo de la muerte. Contemplando esta página del Evangelio, podemos comprender el tipo de relación que Jesús tenía con sus discípulos: una relación basada en la ternura, en el amor, en el conocimiento recíproco y en la promesa de un don inconmensurable: “Yo he venido —dice Jesús— para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Tal relación es el modelo de las relaciones entre los cristianos y de las relaciones humanas. 

También hoy, como en tiempos de Jesús, muchos se proponen como “pastores” de nuestras existencias; pero sólo el Resucitado es el verdadero Pastor que nos da la vida en abundancia. Estamos llamados todos a tener confianza en el Señor que nos guía. Pero no sólo nos guía: nos acompaña, camina con nosotros. Escuchemos su palabra con mente y corazón abiertos, para alimentar nuestra fe, iluminar nuestra conciencia y seguir las enseñanzas del Evangelio.  Pero, en un momento determinado, Jesús dijo, refiriéndose a sus ovejas: “Mi Padre, que me las ha dado…”. Esto es muy importante, es un misterio profundo, no fácil de comprender: si yo me siento atraído por Jesús, si su voz templa mi corazón, es gracias a Dios Padre, que ha puesto dentro de mí el deseo del amor, de la verdad, de la vida, de la belleza… y Jesús es todo esto en plenitud. Esto nos ayuda a comprender el misterio de la vocación, especialmente las llamadas a una especial consagración. 

A veces Jesús nos llama, nos invita a seguirle, pero tal vez sucede que no nos damos cuenta de que es Él. Algunas preguntas pueden ayudarnos: ¿hemos sentido alguna vez la voz del Señor que, a través de un deseo, una inquietud, nos invitaba a seguirle más de cerca? ¿Hemos tenido el deseo de ser apóstoles de Jesús? Preguntemos a Jesús qué quiere de nosotros y seamos valientes… Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y sólo en la oración pueden perseverar y dar fruto.

 

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