En el mensaje de este segundo domingo de Adviento, estamos invitados a una de las propuestas del evangelio será la de ir nosotros también al desierto para poder escuchar. ¿A quién? A nosotros mismos, a la Casa Común, a los hermanos y fundamentalmente a Dios. Porque a Dios siempre se lo ha escuchado en el desierto.
En medio de la agitación, el ruido, la información y difusión constante de mensajes, Juan grita mucho. Lo hace porque ve al pueblo dormido y quiere despertarlo, lo ve apagado y quiere encender en su corazón la fe en un Dios salvador. Su grito se encuentra en una llamada: "preparad el camino del Señor". ¿Cómo abrirle caminos a Dios? ¿Cómo hacerle más sitio en nuestra vida? Búsqueda personal. Para muchos, Dios está hoy encubierto por toda clase de prejuicios, dudas, malos recuerdos de la infancia o experiencias religiosas negativas. ¿Cómo descubrirlo?
Yendo al desierto. Un lugar inhóspito para nuestra zona de confort y donde no somos nosotros los que manejamos la cosa sino que es otro quien la lleva adelante; un espacio en el que no somos especialistas; un clima al que no nos podemos acostumbrar; una zona que porque pareciera estar plagada de nada, está llena de todo.
Y allí gritar y escuchar el grito. O la palabra. O el susurro de Dios…Y dejarnos sorprender por Dios. ¡Cuánta falta nos hace todo esto!
El Adviento es tiempo para animarse a ir al desierto. Descalzarse y hacer un buen rato de silencio. Y escucharnos. Y escuchar a Dios. Y escuchar el clamor de tantos hermanos. Y escuchar el latir de la Casa Común.
Haz la prueba. Tomate un día de desierto. Apaga la tele, la radio. No respondas por un rato los mensajes de WhatsApp. No subas fotos que no valen la pena a Instagram ni comentes historias. Los perfiles de Facebook y Twitter pueden esperar. Hoy es un tiempo de desierto, especial para ti. Así gritamos en el desierto. Así preparamos los caminos del Señor. Así vivimos un Adviento que valga la pena de ser vivido.
COMENTARIOS:
Miguel Ángel Munárriz: Juan Bautista. Ambos tenían en común que fueron aceptados por el pueblo llano y acosados hasta la muerte por los poderosos.
José Luis Sicre: ¿Hay motivos para sentirse alegres?Nuestro mundo ofrece motivos de preocupación y tristeza. Y cuando un católico entra en la iglesia en los domingos de Adviento, la casulla morada del sacerdote parece confirmarle en su pesimismo.
José Antonio Pagola: De oídas. Hay personas que más que creer en Dios creen en aquellos que hablan de él. Solo conocen a Dios «de oídas».
Carmen Notario: De vuelta a casa. Eso que suena a promesa de Dios en un futuro incierto es más bien una llamada a ir realizando aquí y ahora ese ideal que vemos tan lejos