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Robertus Kardi 18 Marzo 2022 662

FUE A BUSCAR FRUTO, Y NO LO ENCONTRÓ


En el pasaje evangélico de este tercer domingo de Cuaresma (C), Jesús se refiere a dos hechos trágicos que en ese tiempo habían suscitado gran impacto… Él conoce la mentalidad supersticiosa de su auditorio y sabe que ellos interpretan de modo equivocado ese tipo de hechos. En efecto, piensan que, si esos hombres murieron cruelmente, es signo de que Dios los castigó por alguna culpa grave que habían cometido; o sea: “se lo merecían”. Y, en cambio, el hecho de salvarse de la desgracia equivalía a sentirse “sin falta”. Ellos “se lo merecían”; yo no “tengo faltas”.  Jesús rechaza completamente esta visión, porque Dios no permite las tragedias para castigar las culpas, y afirma que esas pobres víctimas no eran de ninguna manera peores que las demás. Más bien, Él invita a sacar de estos hechos dolorosos una advertencia referida a todos, porque todos somos pecadores. En efecto, así lo dice a quienes lo habían interrogado: “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”. 

Jesús nos llama a cambiar el corazón, a hacer un cambio radical en el camino de nuestra vida, abandonando las componendas con el mal, las hipocresías para emprender con firmeza el camino del Evangelio. Pero, he aquí de nuevo la tentación de justificarnos: “¿De qué deberíamos convertirnos?”. lamentablemente, cada uno de nosotros se parece mucho a un árbol que, durante años, ha dado múltiples pruebas de su esterilidad. Pero, afortunadamente, Jesús se parece a ese campesino que, con una paciencia sin límites, obtiene una vez más una prórroga para la higuera infecunda: «Déjala por este año todavía por si da fruto en adelante». 

Un “año” de gracia: …el tiempo de nuestra vida, marcado por un cierto número de Cuaresmas, que se nos ofrecen como ocasiones de revisión y de salvación… La invencible paciencia de Jesús. Nunca es demasiado tarde para convertirse. Hasta el último momento: la paciencia de Dios nos espera. Cuántas veces nosotros estamos… a punto de caer y el Señor nos salva: nos salva porque tiene una gran paciencia con nosotros. Y esta es su misericordia. Nunca es tarde para convertirnos, pero es urgente, ¡es ahora! Comencemos hoy. Convertirse es dejarse llevar por Dios, hablar en su Nombre, continuar su Buena Noticia, dar la vida por, con y como Él. La conversión no es tanto protagonizar nuestras gestas salvadoras, cuanto dejarse mirar, dejarse conducir, y asistir al milagro de que, en la convivencia misericordiosa con Él, nuestra viña perdida, puede ser salvada, y dar el fruto debido. Esta es la esperanza que nos anuncia Jesús. (Fuente: Papa Francisco)

ECOS DE LA SABANA (Ecos de la vida cotidiana de los poblados de Chad y de Camerún)

 

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