HEMOS DE SER PACIENTES
El Evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico nos orienta al camino de la verdad y de la paciencia. San Lucas recoge las palabras de Jesús sobre las persecuciones y la tribulación futuras subrayando de manera especial la necesidad de enfrentarse a la crisis con paciencia. Apenas se habla de la paciencia en nuestros días y, sin embargo, pocas veces habrá sido tan necesaria como en estos momentos de grave crisis socio-cultural, incertidumbre generalizada y frustración existencial. Son muchos los que viven hoy a la intemperie y, al no poder encontrar cobijo en nada que les ofrezca sentido, seguridad y esperanza, caen en el desaliento, la crispación o la apatía. La paciencia de la que se habla en el evangelio no es una virtud propia del hombre fuerte y aguerrido como en Platón o Aristóteles. Es, más bien, la actitud serena de quien cree en un Dios paciente y fuerte que deja desarrollarse esta historia, a veces tan incomprensible para nosotros, con ternura y amor compasivo. El hombre animado por esta paciencia no se deja perturbar por las tribulaciones y crisis de la existencia. Mantiene el ánimo sereno y confiado. Su secreto es la paciencia fuerte y fiel de ese Dios que, a pesar de tanta injusticia absurda y tanta contradicción, sigue su obra hasta cumplir sus promesas. Al impaciente la espera se le hace larga. Por eso se crispa y se vuelve tan intolerante. Aunque aparece violento, agresivo y fuerte, en realidad es un hombre débil y sin raíces. Se agita mucho, pero construye poco; critica constantemente, pero apenas siembra nada; condena, pero no libera. El impaciente puede terminar en el desaliento, el cansancio o la resignación amarga. Ya no espera nada. Ya no espera en nadie. El hombre paciente, por el contrario, no se irrita ni se deja deprimir por la tristeza. Contempla la vida con respeto y hasta con simpatía. Deja ser a los demás, no anticipa el juicio de Dios, no pretende imponer su propia justicia a su manera. No por eso cae en la apatía, el escepticismo o la dejación. El hombre paciente lucha y combate día a día, precisamente porque vive animado por una esperanza. La paciencia del creyente se enraíza en ese Dios Amigo de la vida. A pesar de las injusticias que encontramos en nuestro camino y de los golpes que da la vida, a pesar de tanto sufrimiento absurdo o inútil, Dios sigue su obra. En él ponemos nuestra esperanza.
COMENTARIOS:
- José Luis Sicre: El fin del año y el fin del mundo. El peligro de la mentalidad apocalíptica es que resulta estéril. Todo se queda en cálculos y señales, sin comprometerse con los problemas del mundo que nos rodea.
- Enrique Martínez Lozano: Un mundo nuevo. El género apocalíptico, al que pertenece el relato de hoy, se refiere a la gestación de un “mundo nuevo” tras derrumbarse el “viejo orden” de injusticia.
- José Antonio Pagola: Sin perder la paciencia. Lucas recoge las palabras de Jesús sobre las persecuciones y la tribulación futuras subrayando de manera especial la necesidad de enfrentarnos a la crisis con paciencia.
- Dolores Aleixandre: Salir con lo puesto. No poseemos aquí una ciudad permanente y es inútil tratar de esquivar esa realidad y vivir enredados para distraernos en pantallas que solo pueden ofrecernos bits y píxeles.
