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Jesús Diaz Herrera 16 Febrero 2026 494

Mi experiencia de Pascua en Marruecos


La vorágine diaria y excusas varias para no contar mi experiencia han hecho que me pierda en el tiempo, en el cronos… con sus horas, minutos y segundos pasando sobre mí. Pese al martillo pilón que supone el tren de cada día, no he podido olvidar lo vivido mientras germinaba en mi corazón la semilla de estas letras. Ahora entiendo que, efectivamente, hay un tiempo para todo. (Eclesiastés 3:1) Tiempo necesario para escribir con reposo. Un Kairós perfecto para cada cosa.

 16 de abril.

Teresa de Calcuta decía que un corazón limpio puede ver el bien. Tras visitar la maternidad de las misioneras de la Madre Teresa, que llevan en Tánger desde 1989 testimoniando y acogiendo la vida sin prejuicios, con alegría, me preguntaba qué grado de limpieza hay en mi corazón. Esta propuesta de oración y acción de la Santa Teresa de Calcuta nos impele a un sincero intento de imitación tanto ad-gentes como ad intra. En esos pequeños micromundos donde nos escondemos, nos olvidamos de la “casa común” que se nos presentó en Laudato Sí, y es que bajo el sol todos nuestros anhelos son vanos; estamos llamados a hacer el bien y a cuidar la creación en pos de la vida eterna.

 17 de abril.  (Jueves Santo)

Hoy cenamos con nuestros hermanos musulmanes haciendo familia y en la eucaristía de la tarde les tenemos en nuestras oraciones y pedimos por nuestra propia conversión, porque no estamos aquí para convertirlos a ellos, sino a nosotros mismos. Esta proximidad con el otro se alcanza reconociendo que también ha sido tocado por Dios, que tiene un proyecto para todos. Los avatares de la vida y más de un sufrimiento nos une en esta caótica realidad.

Comparto mi pesar por lo inevitable del dolor humano cuando un rezo sufí resuena rítmicamente, nos sobrecoge y se eleva sobre nuestras cabezas en Tetuán.

  • ¿Pretendes llegar al cielo sin haber sido puesto a prueba? ¿Cuánto sufrieron los pueblos que nos precedieron?
  • … (guardo silencio)
  • Cosa buena sería que preparásemos la llegada del Mesías juntos.

19 de abril. (Viernes Santo)

El sufismo es uno de los movimientos más diversos, místicos y reflexivos - filosóficamente hablando - del mundo musulmán. Hacer lo bello, perseguir el bien y la unión con Dios a través del arte y la oración es su fin último y fundamento. Hacer poesía con tu vida, escribir un bello verso cada día, como se pueda: con borrones o renglones torcidos si es preciso, ya se sabe…

Con algo de Fe y silencio en el corazón, como en un amago de oración, trato de encontrar serenidad paseando al caer la tarde por los alrededores hasta llegar a una zona retirada. Camino detrás de mis compañeros. Sigo las huellas de unos y sé que otro seguirá las mías aunque no quiera pensarlo mucho; cada uno con su cruz correspondiente. Escucho lenguas diferentes y siento algo parecido al miedo, pero al levantar la mirada una fracción de segundo he visto a un niño sonreír… siempre los niños. Hago un resumen de mi vida intentando recordar quién soy y de dónde vengo y finalmente sonrío porque la cara de ese niño me dice que el amor mueve el mundo, efectivamente, aunque a veces aporreemos con nuestra mala cabeza las mismísimas puertas del infierno.

19 de abril (Sábado Santo)

Marruecos, puerta del mediterráneo, está hermanado sin remedio con España por su historia más reciente y por esos procesos migratorios que soportan los cayucos que llegan incesantemente a nuestras costas. Parafraseando a uno de los moteros que el bueno de Miquel Silvestre se encontró en este país, durante su odisea por el viejo continente en 2008 a lomos de algún modelo mítico como la renqueante BMW R100 G/S de 1988: Volver a Marruecos es como volver a Europa... pero siguen siendo africanos con todo lo que implica en lo que a su percepción del tiempo y concepto de puntualidad se refiere. El desayuno tardío que nos prometieron en la asociación vecinal fue prácticamente un almuerzo aderezado con bailes y algarabía, y solo nos pudimos sentar cuando llegamos a la casa de su presidente para saborear el cuscús tradicional. El ambiente de fraternidad fue el denominador común, finalmente, y disfrutamos de un día lleno de encuentros entre miradas y apretones de mano.

 

20 de abril (Domingo de Resurrección)

Poner luz en la oscuridad y vivir con esperanza… así cerró su homilía de la tarde el padre François. ¿Por qué nos aferrarnos al pasado y buscar entre los muertos al que vive? A veces las opciones razonables nos bloquean porque no acostumbramos a salir del corsé de nuestra limitada lógica aunque tengamos, que ironía, motivos razonables para saber que estamos en lo cierto cuando vemos la mano de Dios en tantos momentos.

Vivir la Pascua en tierras del islam me permite no solo acoger sino ser acogido por el otro y dejarme hacer desde una posición humilde para comprender que lo evidente se manifiesta cuando compartimos lo que somos, con nuestra historia a cuestas, saboreando a Dios en lo cotidiano, incluso en los conflictos no resueltos y en la añoranza que sentimos por ese amor que nos hizo vulnerables ante el otro. Resulta paradójico que un acto tan valiente nos deje tan indefensos; parece casi una temeridad. De estas “temeridades” nos reímos cuando salimos la última noche a tomar el té. Las risas también forman parte de nuestra historia de salvación y compruebo con alivio que no soy el único que carga su cruz con algo de humor. Dios quiere nuestra historia, Jesús, hay que abrazarla, me espeta el padre François en el paseo de vuelta a casa…

21 de abril. (Lunes de Pascua)

Celebramos la eucaristía en la intimidad. No hablo mucho. Me sorprendo pensando en los porqués, los mismos porqués que supongo tendrán nuestros hermanos musulmanes… ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué he pisado de nuevo África por la parte más cercana a nuestra burbuja occidental? ¿Por qué no consigo dormir regularmente y resulta que por estos lares siento como cada minuto de silencio es un descanso? No hay respuestas fáciles en los “porqués” y la verdad, me importa un bledo. Llega un momento en que lo importante es el “para”. He venido para encontrar el amor verdadero, y lo hallo reflejado en la mirada del otro, en el encuentro con él. Quiero un amor de los que anidan en personas que odian vivir en un continuo viernes santo porque resucitan cada día hablando de Dios aunque no quieran reconocer que lo conocen y lo niegan con la boca pequeña porque no tienen valor ni ganas para hacerlo con rotundidad. Yo veo en esa duda una gran esperanza.

Ha muerto el Papa Francisco. No me deshago en lágrimas pero soy consciente del alcance de la noticia. Su mensaje fue capital para muchos procesos de conversión, a pesar de la rancia ortodoxia – como si él no la tuviera – con la que algunos le atizaron.

El mismo Papa Francisco nos decía en su última homilía – justamente ayer, que ya parece una eternidad – que la Fe no es una solución estática instalándonos necesariamente en seguridades. Nos impulsa al movimiento. ¡Por eso he venido! Para abrir bien los ojos y salir veloz a su encuentro, mucho más rápido y más lejos cuanto más crea que lo he perdido. Él siempre nos espera y en el fondo sabes dónde está. No lo dudes: ¡Corre! Da igual el tiempo que pasaste sin él. ¡El momento es ahora! Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche, Señor. Que nuestra naturaleza transitoria no nos impida esculpir con buenas acciones este bello mundo – a pesar de todo – con obras que escapen a los elementos, obras que no puedan ser abrasadas por el fuego del fin de los tiempos. Que algún día tú también puedas decir:

Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. (Eclesiastés 3: 10-15)

Jesús Diaz Herrera

Azuqueca de Henares, Guadalajara, 16 de febrero de 2026

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