El lema de la comunidad javeriana, hacer del mundo una familia, compendia estupendamente lo que he vivido y compartido durante 32 días a las afueras de São Paulo (Brasil).
Un mes colmado de momentos fraternales, en los que la ALEGRÍA y la ACOGIDA SIEMPRE eran las protagonistas ya sea entre los más pequeños, como también entre los mayores.
Tanto en la comunidad de los misioneros javerianos que nos acogían en su propia casa (Thiago y Michel de Brasil, e Igino de Italia) como entre las personas de las 12 comunidades de la parroquia del Sagrado Coraçao, nos hemos sentido abrazados por aquello que vibraba en sus corazones: vivir como una misma familia.
Se podrían citar un sinnúmero de momentos… en los que lo realmente importante era ver cómo en presencia de Dios, y con la disposición de querer estar con el hermano/a, todo se hacía posible y mejor que cuando nos enfrentamos o nos distanciamos entre nosotros.
Entre el idioma portugués, mezclado con el italiano y el español (y a veces el inglés que trataba de coger protagonismo cuando las mezclas lingüísticas eran ya demasiadas…) la comunicación era siempre fluida y sobre todo… PRECIOSA.
Realmente vivimos momentos como de Pentecostés entre nosotros: brasileños, italianos y esta servidora española.
Me quedan muchos acontecimientos y escenarios grabados en el corazón que ahora se siente también un poco brasileño (o meu coração é brasileiro…), y sobre todo un gran agradecimiento al Señor por haberme permitido vivir y experimentar lo rica y grande que es nuestra Iglesia universal.
Unidos em oraçao.
Ana María González