Skip to main content
p. JEAN BALOLA, sx 14 Febrero 2026 743

PIGMEOS, HISTORIA Y VIDA DE UN PUEBLO EXCLUIDO


El autor de este artículo es Jean Balola, un joven javeriano congoleño que trabaja con ellos. Siguiendo los pasos del difunto padre Modesto Todeschi, se dejó guiar hacia un pueblo que sufría marginación social. La historia de los pigmeos, los primeros habitantes de las tierras de África Central, es una historia de privaciones, desigualdad y sometimiento. Ellos mismos están convencidos de que representan una humanidad inferior. De hecho, la labor misionera, más allá de proclamar el Evangelio, se centra en combatir este complejo de inferioridad tan arraigado en su espíritu. La historia los considera los "Basangwa Butaka", dueños de la tierra, los primeros en habitarla. Para reavivar esta conciencia, los misioneros han emprendido múltiples iniciativas: recomprando tierras, proporcionando agua potable, proporcionando empleo, brindando educación y fomentando la integración mediante una evangelización. La construcción de una escuela cumplió el sueño de una educación basada en la dignidad, el respeto y la participación, no para volver a ser los “primeros”, sino para participar como iguales en la vida de Burundi.

¿POR QUÉ SE HAN CONVERTIDO EN LOS ÚLTIMOS? HIERBA PISOTEADA POR ELEFANTES

Estoy orgulloso de presentaros a uno de los pueblos más olvidados y marginados del planeta: los batwa. ¿Quiénes son los batwa y cuál es su estilo de vida? Son los principales habitantes de los bosques de la región de África Oriental: Burundi, Kenia, Ruanda, Uganda, Tanzania y la República Democrática del Congo. Forman parte de un grupo más amplio de poblaciones que habitan en los bosques, comúnmente conocidos como pigmeos; presentes también en África central: Camerún, Centroáfrica. En todos estos países los pigmeos son grupo menos desarrollado. En Burundi lo son aún más porque viven en uno de los países más pobres del mundo. Se identifican con un proverbio africano que dice “cuando los elefantes pelean es la hierba la que sufre”. De hecho, la historia de Burundi está marcada por la lucha secular entre los dos grandes grupos étnicos, los tutsis y los hutus. Los pigmeos, en cambio, han observado sus conflictos, incluso los más sangrientos, desde la distancia, con total indiferencia.

Están excluidos de casi todo hasta el punto en que se suele decir: "Había cien personas en la reunión y veinte batwa", como si los pigmeos no fueran personas. Con cierto humor, a los batwa se les llama el pueblo indígena, los primeros ocupantes del país, los dueños de la tierra. Pero en realidad los pigmeos no poseen tierras. Esto les dificulta mucho la vida pues allí se vive esencialmente de la agricultura. No gozan de ningún derecho: ni a la propiedad de la tierra, ni a la educación, y mucho menos a la historia y la cultura. La pregunta es: ¿por qué los primeros, los indígenas, se han convertido en los últimos y más marginados? Los hutus y los tutsis son invasores, que se apoderaron de sus tierras expulsando a los pigmeos que las habitaban. Están excluidos de toda vida pública. Los denigran diciendo que no tienen religión, y muchos se burlan de los misioneros que trabajan entre ellos porque "trabajan a cambio de nada".

EMMANUEL, MINISTRO MUTWA

Hacerles conscientes de su dignidad produce resultados satisfactorios. Aquellos a quienes hemos guiado en la educación están teniendo éxito. Estos resultados demuestran que nuestro compromiso con ellos no es en vano y que pueden alcanzar puestos de responsabilidad con las mismas habilidades adquiridas por otros. La consideración hacia ellos, el estímulo y la ayuda para salir de su enclave cultural pueden obrar milagros. Para nosotros, los javerianos, trabajar con los batwa es un verdadero campo de apostolado. El papel de la Iglesia es crucial en este sentido y ha favorecido el crecimiento intelectual de muchos batwa, llevando a algunos al Parlamento e incluso convirtiendo a uno de ellos, Emmanuel Nengo, en Ministro de la Solidaridad.

CERÁMICA Y VIDA COTIDIANA

Los batwa viven aislados en las colinas, en pequeños grupos. Se casan entre sí, incluso entre hermanos. Esta es una de las causas de la alta tasa de mortalidad. Su principal ocupación es la cerámica. Terminar un jarrón puede llevar hasta ocho días, que luego se vende por 25 céntimos. Es raro ver a un pigmeo con zapatos o pantuflas. Viven al día. Son capaces de sobrellevar la falta de comida. No les gusta trabajar por dinero. Toda la familia vive en una pequeña choza, sin puerta, privada de todo. No buscan atención médica cuando enferman y, por lo general, no hacen ningún esfuerzo por asegurar su futuro.

COMPROMISO CON UN FUTURO MEJOR, NO MÁS PERSONAS DESCARTADAS

Dada su forma de vida y su comprensión de la realidad, el futuro de los batwa reside, por un lado, en la toma conciencia de su situación y, por otro, en la paciencia de quienes se dedican a su desarrollo integral. Es una tarea ciertamente difícil pero posible. A nivel de gobierno, se fomentan las iniciativas de desarrollo humano aunque se muestran escépticos y pesimistas, y tienden a desanimar a quienes trabajan en su nombre. Existen muchos prejuicios y se dice que son sucios, perezosos, ladrones e incultos. Tanto es así que, si quieres insultar a alguien, puedes llamarlo "Mutwa" (singular de Batwa) o pigmeo.

Más allá de estos prejuicios, los Batwa siguen siendo un pueblo dejado de lado. Los misioneros los animamos a aprovechar de la medicina moderna. En Runyankezi conocí a una mujer de setenta y siete años que nunca había visitado un dispensario para recibir tratamiento. Tradicionalmente se curan con hierbas y plantas medicinales pero no siempre funcionan. Necesitan que se les anime a estudiar o asistir a la iglesia mostrándoles la importancia de la educación y la religión. Existe un problema de socialización y mestizaje; he tenido la oportunidad de conocer a algunas parejas mixtas hutus-tutsi. Sin embargo, nunca he conocido a un tutsi o un hutu casándose con una mutwa ni viceversa. Solo las iglesias y las organizaciones no gubernamentales (ONG), creen que pueden lograr algo aunque muchos de ellos mismos se creen incapaces de hacer nada.

RENOVACIÓN CON NUEVAS GENERACIONES: UNA ACCIÓN QUE AFECTA A CUATRO SECTORES

El objetivo de nuestro compromiso pastoral es restaurar la dignidad de los Batwa, garantizando que dejen de ser los menos afortunados de la sociedad burundesa. Nuestro trabajo abarca cuatro áreas: antropológica, social, sanitaria y educativa. La antropológica consiste en mostrar a los Mutwa que son ciudadanos como los demás, que se consideren humanos; por eso es importante que tomen confianza en sí mismos, que se sientan capaces de transformarse y tener éxito en sus proyectos de vida. Para lograr este objetivo, necesitan acompañamiento, estímulo y aliento.

En el ámbito social, buscamos crear oportunidades y momentos para que los Batwa se reúnan con otros pueblos de Burundi. Cada año, construimos algunas pequeñas casas para ofrecerles un hábitat digno y sacarlos de la sabana donde viven aislados y abandonados. Esto les permite acercarse a los demás habitantes del país, brindándoles la oportunidad de integrarse e interactuar mutuamente, rompiendo así todos los prejuicios. Para lograrlo, compramos un terreno para la casa y también un pequeño campo para cultivar. Al construir la tubería de agua potable, se les incluyó en el grupo de trabajadores y, poco a poco, se ganaron el respeto de los demás gracias a su habilidad y resistencia.

Recuerdo con cariño a una mujer que mostró gran alegría al ver que su esposo se había convertido en carpintero experto. Esto ayuda a los batwa a comprender de qué son capaces. En cuanto a la atención médica, es imperativo mostrarles la importancia de la higiene y la limpieza. El agua potable, que la tubería nos permitirá proporcionar a todos, es vital en este sentido. Con esto en mente, enviamos a uno de ellos, Prosper, a la Universidad de los Grandes Lagos para estudiar ciencias médicas. Confiamos en que podría concienciar más fácilmente a sus hermanos batwa sobre las necesidades de higiene y salud, así como explicarles los problemas derivados de la consanguinidad.

Para mejorar su educación, es necesario pensar en una escuela. Ya se está construyendo una para ellos. En todas nuestras misiones, además hacemos hincapié en este aspecto, animando a los niños batwa a asistir a la escuela y ayudándoles con los materiales necesarios. Los niños batwa, al asistir a la escuela con otros niños, fomentan desde pequeños una integración social que resulta crucial para el futuro del país. Esto también les ayuda a tomar las riendas de su propio destino. La escuela que estamos haciendo será donada al Estado, que proporcionará y pagará a los profesores. Posteriormente, permanecerá bajo un acuerdo con la Iglesia católica, que regirá y garantizará su educación humana y cristiana. Ya contamos con varios jóvenes graduados universitarios. La renovación del pueblo batwa solo se logrará a través de sus hijos e hijas, que habrán abrazado una visión integral del mundo en el que viven. Desde el punto de visto pastoral, los javerianos nos acercamos a los batwa precisamente porque son los últimos de la sociedad, siguiendo así el mensaje de Jesús y de la Iglesia. La atención a la promoción integral de cada hombre y mujer, especialmente de los más pobres, forma parte de la vocación de la Iglesia. Su labor de integración social contribuye a que la sociedad misma crezca en solidaridad y participación, haciendo que cada miembro del pueblo se sienta parte integral del país. También somos testigos de cómo están llegando los primeros bautismos y de cómo las parejas se preparan para el matrimonio cristiano. En definitiva, el trabajo de muchos años está dando frutos, pero es necesario seguir consolidando lo que ha empezado a echar raíces.

¿Te ha gustado este artículo?

compártelo