ADONDE YO VOY, YA SABÉIS EL CAMINO
El evangelio es una constante invitación a caminar, y Jesús es el camino. Pero un camino no es para conocerlo, sino para recorrerlo. Y es cierto que podemos decidir no caminar, optar por instalarnos en este mundo y olvidar nuestro destino, pero es evidente que a la larga esta actitud nos va a producir vacío y angustia, porque, como decía Kierkegaard, «no podemos ignorar lo eterno que hay en nosotros».
Una excelente metáfora de la vida podría ser la ascensión a una montaña. El montañero que sacude la pereza, abandona la comodidad del refugio y se echa al monte en busca de la cima, se siente vivo, motivado, estimulado por cada obstáculo que logra superar, y en muchos momentos exultante de optimismo y felicidad. El que decide permanecer al abrigo del refugio, se aburre, se hastía y acaba frustrado y asqueado. La cima que Jesús nos propuso a los cristianos es una sociedad fraterna, humana y solidaria, y el camino que nos lleva a la cima es Jesús mismo; sus criterios, su ejemplo, su compromiso con la misión hasta dar la vida por ella, su convencimiento de que merecía la pena hacerlo…
En momentos de máxima tribulación es cuando encontrar un buen camino adquiere toda su importancia. Imaginémonos perdidos en el monte, hace frío, se acerca la noche, no vemos salida… y de pronto encontramos un camino prometedor. ¡Estamos salvados!, pensamos, y nos apresuramos a tomarlo con la esperanza de que nos devuelva a la vida.
Hoy vivimos momentos de gran tribulación. Hoy estamos en una encrucijada histórica en la que está en juego nuestra civilización e incluso nuestra supervivencia. Hemos seguido el camino que nos proponía el mundo y es evidente que nos hemos equivocado. El resultado es un planeta herido de muerte donde las sequías se han generalizado y los océanos agonizan. Donde la ostentación y el derroche conviven con la miseria, donde la vida se banaliza, la sociedad se mercantiliza, las relaciones humanas han dejado de ser humanas y el hombre es todavía más lobo para el hombre…
Los cristianos conocemos otro camino, pero de momento preferimos seguir en el refugio discutiendo si los que vienen son galgos o podencos. Es preciso salir del refugio y enfilar la cima con decisión y con la esperanza de que otros nos sigan… o estamos perdidos. Jon Sobrino, jesuita compañero de Ignacio Ellacuría en el Salvador, nos invita a reanudar la marcha y nos marca una meta ajustada a la situación que vive el mundo: «Debemos caminar hacia la civilización de la austeridad compartida»… ¿Empezamos?
COMENTARIOS:
- Miguel Ángel Munárriz: Caminantes. Un camino no es para conocerlo, sino para recorrerlo.
- José Luis Sicre: Iglesia naciente, sufriente, creyente. El evangelio sugiere que para llegar a Dios hay muchos caminos, pero para llegar a Dios como Padre el único camino es Jesús.
- Enrique Martínez Lozano: Ver al “Padre”, vivir en paz. En el cuarto evangelio, Jesús se vive en la consciencia clara de ser uno con el Padre. Y esa es la fuente de su amor, su confianza, su paz y su alegría.
- José Antonio Pagola: ¿Qué es el cristianismo? Los cristianos de la primera y segunda generación nunca pensaron que con ellos estaba naciendo una religión.
- Magda Bennásar: Estudio orante de la palabra. Sabemos que si no se trabajan los textos, entran y salen con demasiada facilidad y es por ello que necesitamos más y más. Es el síndrome del que no digiere bien y siempre tiene hambre.
