ESPÍRITU : DIOS ACTUANDO EN LA VIDA
Hoy celebramos la fiesta de Pentecostés. Cincuenta días después de la Pascua. Jesús había prometido a los discípulos que no les dejaría solos, que cuando volviera al Padre, les enviaría el Espíritu. Hoy les ha sorprendido cumpliendo esa promesa. Y el Espíritu se hace notar. Cambia la tristeza en alegría, los recuerdos de dolor, fracaso y traición en perdón, abre las puertas que había cerrado el miedo, les hace entenderse por todos. Y pone en sus corazones el deseo imperioso de contar lo que habían visto y oído de Jesús. Y el compromiso de seguir haciendo lo que le habían visto hacer. No nace hoy una secta ni una organización más, nace la comunidad de Jesús, la Iglesia, la que debe continuar en el tiempo la misión amorosa del Resucitado.
Hablar del «Espíritu Santo» es hablar de lo que podemos experimentar de Dios en nosotros. El «Espíritu» es Dios actuando en nuestra vida: la fuerza, la luz, el aliento, la paz, el consuelo, el fuego que podemos experimentar en nosotros y cuyo origen último está en Dios, fuente de toda vida. El signo más claro de la acción del Espíritu es la vida. Dios está allí donde la vida se despierta y crece, donde se comunica y expande. El Espíritu Santo siempre es «dador de vida»: dilata el corazón, resucita lo que está muerto en nosotros, despierta lo dormido, pone en movimiento lo que había quedado bloqueado. De Dios siempre estamos recibiendo «nueva energía para la vida» (Jürgen Moltmann). Esta acción recreadora de Dios penetra en todos los estratos de la persona. Despierta nuestros sentidos, vivifica nuestro cuerpo y reaviva nuestra capacidad de amar. Por decirlo brevemente, el Espíritu conduce a la persona a vivirlo todo de forma diferente: desde una verdad más honda, desde una confianza más grande, desde un amor más desinteresado. Para bastantes, la experiencia fundamental es el amor de Dios, y lo dicen con una frase sencilla: «Dios me ama». Esa experiencia les devuelve su dignidad indestructible, les da fuerza para levantarse de la humillación o el desaliento, les ayuda a encontrarse con lo mejor de sí mismos. Otros no pronuncian la palabra «Dios», pero experimentan una «confianza fundamental» que les hace amar la vida a pesar de todo, enfrentarse a los problemas con ánimo, buscar siempre lo bueno para todos. Nadie vive privado del Espíritu de Dios. Acogemos al «Espíritu Santo» cuando acogemos la vida. Este es uno de los mensajes más básicos de la fiesta cristiana de Pentecostés.
COMENTARIOS
- Miguel Ángel Munárriz: El soplo de Dios. El soplo de Dios nos arrastra hacia el amor, hacia la compasión…
- José Luis Sicre: La importancia del Espíritu. Lucas y Juan ofrecen dos versiones muy distintas del don del Espíritu Santo, pero ambos dejan clara su importancia esencial en la vida de cada cristiano y de la Iglesia.
- Fray Marcos: Dios es Espíritu, imaginarlo de otra manera nos lleva a la idolatría. No tiene que venir de ninguna parte ni hay lugar alguno donde no esté.
- José Antonio Pagola: Nuevo inicio. Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero ya no está Jesús con ellos. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar.
- Mª Luisa Paret: ¿A qué experiencia me remite el Espíritu Santo, hoy? El Espíritu Santo es aliento de vida, empuje creador, fuerza para reparar lo dañado, reunir lo separado, viento que barre la contaminación, fuego purificador, agua que limpia y fecunda…
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