En este Domingo celebramos la Fiesta de la Ascensión del Señor, que expresa la dimensión de exaltación y glorificación de la naturaleza humana de Jesús, como contrapunto a la humillación padecida en la condena y la muerte en la cruz. Jesús acaba su vida en la tierra y vuelve al Padre. Desde su Resurrección y Ascensión al cielo, los cristianos conocemos nuestra meta final: estar donde está Jesús
La Ascensión es una invitación de Dios a que nos dejemos de futilidad. Haced el favor de dejar de estar ahí pasmados mirando al cielo, nos sigue diciendo Dios, salid de vosotros mismos y predicad con vuestra vida mis palabras, haced contagioso el sueño de mi Hijo. Que lo que vean quien nos mire sean personas que se quieran, que aman el mundo y personas para las que nada humano es ajeno. Ojalá vean en nosotros que Dios está dando y dándose, que Dios habita en su creación, que Dios trabaja por nosotros en su creación, que Dios está siempre con nosotros. Porque el Dios Padre-Madre de Jesús no es un Dios muerto, ni es el opio del pueblo, ni es una proyección de nuestros traumas ni mucho menos un invento de los curas. El Dios que confiesa Jesús está vivo, nos llama a compromisos concretos, nos ayuda a salir de nosotros mismos y de nuestras cada una das, que diría Unamuno. El Dios de Jesús no es un invento.
Hoy día, más que nunca, la Iglesia necesita “testigos de la fe”, gente que nos hable de Jesús con alegría, con entusiasmo, con ilusión. Gente que suba al monte de Dios y nos cuente las bellezas que, desde allí ha contemplado. Comprométete en tu realidad de cada día.
José Luis Sicre: Triunfo y misión. Jesús subiendo al cielo es una imagen bastante representada por los artistas, y la tenemos incorporada desde niños. Alguno podría imaginar que esta escena se encuentra en los cuatro evangelios. Sin embargo, el único que la cuenta es Lucas.