“ He venido a prender fuego ”
En este domingo (Domingo XX del Tiempo Ordinario, C), el Evangelio nos habla de unas palabras de Jesús que, a primera vista, pueden parecernos desconcertantes: “He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división” (Lc 12,49-53).
Estas palabras parecen contradecir la imagen de Jesús como Príncipe de la Paz. Pero, si las meditamos bien, descubrimos que no hablan de violencia ni de enfrentamiento por orgullo, sino de la fuerza transformadora del Evangelio. El “fuego” del que habla Jesús es el fuego del Espíritu Santo, el fuego del amor de Dios que purifica, ilumina y da vida. Es un fuego que no deja nada igual: quema lo que es pecado, egoísmo e injusticia, y enciende el corazón para amar y servir.
El mismo Jesús dice que tiene que pasar por un “bautismo” —refiriéndose a su pasión y cruz— antes de que ese fuego se extienda por el mundo. El amor verdadero siempre pasa por la entrega y el sacrificio. El seguimiento de Jesús no es cómodo ni neutral: implica tomar decisiones que, a veces, pueden crear tensiones incluso dentro de la propia familia. No porque queramos pelearnos, sino porque vivir según el Evangelio nos lleva a elegir la verdad, la justicia y la fidelidad a Dios, aunque otros no lo comprendan.
En este domingo, Jesús nos invita a preguntarnos: ¿arde en mi corazón el fuego del Evangelio? ¿O lo he dejado apagarse con la rutina, el miedo o la comodidad? Él no quiere cristianos tibios, sino encendidos, capaces de iluminar y calentar el mundo con la fe, la esperanza y el amor.
COMENTARIOS
- Dominicos
- Miguel Ángel Munárriz: No he venido a traer la paz. Ni la Palabra nos quema por dentro, ni nosotros hacemos arder a la sociedad.
- José Luis Sicre: Echando leña al fuego. Incluso en una época de descanso y vacaciones, es bueno recordar el ejemplo de Jesús, su entrega plena.
- Fidel Aizpurúa: La criatura saltó de alegría en mi vientre. El relato evangélico de hoy está envuelto en alegría. Es una escena de gozo entre dos mujeres que se aman y reconocen que Dios tiene un plan de amor que se lleva a cabo en la vida de los humildes. Este camino de gozo es senda que podemos recorrer todos los cristianos.
- Fidel Aizpurúa: ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? Resulta que su mensaje de humanización choca contra el natural egoísmo de la persona y provoca divisiones hirientes.
- José Antonio Pagola: El fuego del amor. Da miedo pronunciar la palabra «amor». Está tan prostituida que en ella cabe lo mejor y lo peor, lo más sublime y lo más mezquino.
- Pepa Torres: Dar a luz a Dios en el mundo. El Magníficat no es un canto de sumisión sino de esperanza y rebeldía comprometida por otro mundo posible, en el que no prime la ley del más fuerte, sino la ley del amor.
- Paula Depalma: El padre contra el hijo. La estructura social de Israel en tiempos de Jesús se basaba en lealtades familiares y continuidad de tradiciones religiosas, políticas y de orden social.
