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Robertus Kardi 15 Agosto 2025 992

“ He venido a prender fuego ”


En este domingo (Domingo XX del Tiempo Ordinario, C), el Evangelio nos habla de unas palabras de Jesús que, a primera vista, pueden parecernos desconcertantes: He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división” (Lc 12,49-53).

Estas palabras parecen contradecir la imagen de Jesús como Príncipe de la Paz. Pero, si las meditamos bien, descubrimos que no hablan de violencia ni de enfrentamiento por orgullo, sino de la fuerza transformadora del Evangelio. El “fuego” del que habla Jesús es el fuego del Espíritu Santo, el fuego del amor de Dios que purifica, ilumina y da vida. Es un fuego que no deja nada igual: quema lo que es pecado, egoísmo e injusticia, y enciende el corazón para amar y servir.

El mismo Jesús dice que tiene que pasar por un “bautismo” —refiriéndose a su pasión y cruz— antes de que ese fuego se extienda por el mundo. El amor verdadero siempre pasa por la entrega y el sacrificio. El seguimiento de Jesús no es cómodo ni neutral: implica tomar decisiones que, a veces, pueden crear tensiones incluso dentro de la propia familia. No porque queramos pelearnos, sino porque vivir según el Evangelio nos lleva a elegir la verdad, la justicia y la fidelidad a Dios, aunque otros no lo comprendan.

En este domingo, Jesús nos invita a preguntarnos: ¿arde en mi corazón el fuego del Evangelio? ¿O lo he dejado apagarse con la rutina, el miedo o la comodidad? Él no quiere cristianos tibios, sino encendidos, capaces de iluminar y calentar el mundo con la fe, la esperanza y el amor.

 

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