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Robertus Kardi 27 Diciembre 2025 706

“ Honra a tu padre y a tu madre ”


Este domingo, dentro de la octava de Navidad, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret: Jesús, María y José. Después de contemplar al Niño Dios acostado en un pesebre, hoy miramos el lugar donde ese Niño creció: una familia concreta, sencilla y frágil, pero al mismo tiempo llena de fe.

El Evangelio nos muestra a la Sagrada Familia en una situación difícil. No se trata de una escena tranquila, sino de una familia que huye, que siente miedo y que se ve obligada a dejar su tierra para proteger la vida del Niño. José, avisado en sueños por el ángel, obedece sin dudar: se levanta, toma al Niño y a su madre, y parte hacia Egipto.

Aquí está la grandeza de José: no dice muchas palabras, pero protege la vida, confía en Dios y obedece en silencio. María, por su parte, no aparece hablando, pero está ahí, acompañando, cuidando y guardando todo en su corazón, incluso cuando no entiende. Ella confía, aun cuando el camino es oscuro. Y Jesús… Jesús es un niño vulnerable, dependiente, salvado por el amor y la fidelidad de sus padres. Él mismo vivió el mandamiento que dice: “Honra a tu padre y a tu madre”, creciendo en obediencia, respeto y amor hacia María y José. Así, Jesús santifica la vida familiar desde dentro, en lo sencillo y cotidiano.

Desde el inicio de su vida, Jesús comparte la experiencia de tantos niños que hoy siguen huyendo de la violencia, de la guerra y del odio… La Sagrada Familia nos recuerda que la santidad de una familia no consiste en la ausencia de problemas, sino en la capacidad de escuchar a Dios, de cuidarse mutuamente y de permanecer unida, incluso en medio de las dificultades.

Cuando Herodes muere, Dios vuelve a hablar: “Levántate, toma al niño y a su madre, y vuelve”. Dios no abandona. Acompaña los tiempos de huida y también los tiempos de regreso. Pero el regreso no es a Belén, sino a Nazaret, un lugar sencillo y escondido, sin prestigio. Allí crecerá Jesús. La vida ordinaria se convierte en lugar de salvación.

Esta fiesta nos invita a vivir la santidad en la vida cotidiana: en las casas, en los silencios, en las preocupaciones, en el trabajo, en los conflictos y en los perdones.

Hoy damos gracias por nuestras familias, tal como son. Algunas viven momentos de alegría; otras, de dolor, distancia o cansancio. La Sagrada Familia nos dice que Dios habita también en las familias heridas, en las que luchan por seguir adelante, en las que no tienen todas las respuestas. Que esta Navidad nos ayude a redescubrir nuestras familias como el lugar donde Dios sigue naciendo, donde se aprende a amar, a perdonar, a confiar y a cuidar la vida.

 

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