“ No he venido a abolir a ley, sino a darle plenitud ”
Estamos en el sexto domingo del tiempo ordinario, ciclo A, y el Evangelio que escuchamos hoy (Mt 5, 17-37) forma parte del gran Sermón de la Montaña. Jesús está hablando a la gente sencilla, a sus discípulos, a los que quieren aprender a vivir de otra manera.
Jesús hoy nos habla con mucha claridad. Nos dice que no ha venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud. Es decir, no ha venido a quitar lo que Dios había enseñado a su pueblo, sino a llevarlo a su sentido más profundo.
Porque la fe no es solo cumplir normas por fuera; la fe es dejar que Dios transforme el corazón.
La fe no se trata de aparentar santidad, sino de vivir una conversión sincera desde dentro.
La verdadera fe no nace de la obligación, sino del amor que nos mueve a cambiar.
Y entonces Jesús da un paso más. Dice: “Habéis oído que se dijo… pero yo os digo…”. Con estas palabras nos está invitando a ir más allá de lo mínimo. No basta con no matar; también hay que cuidar el corazón de la ira, del desprecio, de las palabras que hieren. No basta con no cometer adulterio; también hay que purificar la mirada y los deseos. No basta con cumplir externamente; hay que vivir desde dentro.
Jesús pone el acento en el corazón. Porque todo empieza ahí. El mal no nace de repente en los actos grandes; empieza en pequeñas semillas: un enfado guardado, una palabra que humilla, una mirada egoísta, una mentira pequeña. Si cuidamos el corazón, cuidamos toda la vida.
Es muy bonito cuando dice que, si vas a presentar tu ofrenda y recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, primero ve a reconciliarte. Para Jesús, la reconciliación vale más que el rito. Dios no quiere sacrificios externos si el corazón está cerrado al hermano. No se puede estar en paz con Dios y en guerra con el prójimo.
También nos habla de la fidelidad, de la verdad, de no jurar en falso. Que vuestro “sí” sea sí, y vuestro “no” sea no. Es una llamada a la coherencia. A ser personas de palabra, personas transparentes, sin doblez. En un mundo donde la verdad se relativiza y crece cada vez más la falta de sinceridad, el cristiano está llamado a ser alguien en quien se puede confiar.
Este Evangelio puede parecernos exigente. Y lo es. Jesús no nos propone un camino fácil, pero tampoco lo hace para desanimarnos, sino para mostrarnos dónde está la verdadera felicidad. No nos invita a quedarnos en lo mínimo, en simplemente “no hacer nada malo”, sino a dar un paso más: a amar de verdad, con un corazón sincero y generoso.
Y amar de verdad cuesta. Cuesta perdonar cuando nos han herido. Cuesta ser fiel cuando nadie mira. Cuesta decir la verdad cuando es incómoda. Pero es ahí donde se juega nuestra vida.
Al final, todo se resume en esto: dejar que Dios transforme nuestro corazón. Porque cuando el corazón cambia, cambia la vida. Y cuando cambia la vida, el mundo empieza a ser un poco más parecido al Reino que Jesús anunció.
Pidámosle hoy al Señor un corazón limpio, reconciliado y lleno de compasión. Un corazón que no se conforme con cumplir, sino que quiera amar de verdad.
COMENTARIOS
- Dominicos
- Miguel Ángel Munárriz: La novedad radical de Jesús. Jesús se está ofreciendo como alternativa a Moisés.
- José Luis Sicre: El cristiano no debe ser legalista. Mateo presenta la oferta religiosa de Jesús, contraponiéndola a la de los escribas y fariseos, porque en su postura existe un peligro gravísimo de legalismo, es decir, de exaltación de la ley y de la norma por encima de todas las cosas.
- Fidel Aizpurúa: Todo el que se deje llevar de la cólera será procesado. Para Jesús, la maledicencia es planta del mismo jardín que el asesinato y entra bajo el mismo mandamiento: “no matarás”.
- José Antonio Pagola: Importancia social del perdón. No es fácil escuchar la llamada de Jesús al perdón ni sacar todas las implicaciones que puede tener el aceptar que un hombre es más humano cuando perdona que cuando se venga.
- Guadalupe Labrador: ¿Llamados/as a cumplir la ley o a vivir en justicia? Para Jesús la plenitud de la Ley es la justicia. Jesús no nos está hablando del cumplimiento de una multitud de preceptos al pie de la letra, deshumanizados y lejos de lo que se fragua en el corazón.
