“ No tentarás al Señor, tu Dios ”
Estamos en el primer domingo de Cuaresma (A), y la Palabra de Dios nos conduce al desierto, junto a Jesús. El Evangelio de hoy (cf. Mateo 4, 1-11) nos relata cómo, después de su bautismo, Jesús es llevado por el Espíritu al desierto y allí es tentado por el diablo.
Permanece cuarenta días sin comer, en silencio y en oración. Es precisamente en ese contexto de debilidad física cuando aparece la tentación. Este detalle es significativo: la tentación no suele presentarse cuando todo va bien, sino cuando estamos cansados, preocupados, heridos o desanimados.
El desierto es un lugar duro, exigente. Es lugar de silencio, de soledad, de prueba. Y, sin embargo, también es lugar de encuentro con Dios. Jesús, antes de empezar su vida pública, antes de predicar y hacer milagros, pasa por el desierto. No huye de la prueba. La afronta.
También el pueblo de Israel pasó por el desierto durante cuarenta años. Lo recordamos en el libro del Éxodo. Allí aprendieron a confiar en Dios, aunque muchas veces cayeron en la queja y en la desconfianza. Jesús, en cambio, donde el pueblo falló, Él permanece fiel.
Las tentaciones que sufre Jesús son muy humanas. El diablo le dice: “Si eres Hijo de Dios, convierte estas piedras en pan”. Es la tentación del pan fácil, de buscar solo el bienestar material, de pensar que lo más importante es tener, consumir, asegurarnos la comodidad. Pero Jesús responde: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Es verdad. Necesitamos pan, claro que sí. Pero también necesitamos amor, sentido, esperanza, a Dios en nuestra vida.
Luego le tienta con el poder y la gloria: “Todo esto te daré si te postras y me adoras”. Es la tentación de dominar, de sobresalir, de buscar el éxito a cualquier precio. Y Jesús responde con claridad: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”. Solo Dios merece el primer lugar.
Y también está la tentación de poner a prueba a Dios, de utilizarlo para nuestros intereses: “Tírate abajo, que los ángeles te sostendrán”. Es como decir: ‘Haz un milagro para demostrar quién eres’. Jesús no cae en el espectáculo ni en la manipulación. Confía en el Padre sin exigir pruebas.
Jesús no discute mucho. No grita. No hace espectáculo. Simplemente se apoya en la Palabra de Dios. Confía en el Padre. Y así vence.
La Cuaresma es nuestro pequeño desierto. No es un tiempo triste, sino un tiempo de verdad. Un tiempo para mirarnos por dentro. Para reconocer nuestras tentaciones: el egoísmo, la comodidad, el rencor, la falta de confianza, el miedo, etc.
Todos somos tentados. No es pecado sentir la tentación. El pecado es dejarse llevar. Jesús también fue tentado, pero no pecó. Y eso nos consuela y nos anima: no estamos solos en nuestros momentos de pruebas o de crisis . Él camina con nosotros.
La Cuaresma nos ofrece tres medios muy sencillos: la oración, el ayuno y la limosna. La oración nos une más a Dios. El ayuno nos enseña a no dejarnos dominar por lo material. La limosna abre nuestro corazón a los demás, especialmente a los que sufren.
No tengamos miedo del desierto. En el silencio, Dios nos habla. En la prueba, nuestra fe se fortalece. En la dificultad, aprendemos a confiar.
Pidámosle al Señor que en esta Cuaresma nos dé un corazón sencillo y humilde. Que cuando lleguen las tentaciones sepamos responder como Él, apoyados en la Palabra de Dios. Y que, caminando con Jesús por el desierto, lleguemos con Él a la alegría de la Pascua.
COMENTARIOS
- Dominicos
- Miguel Ángel Munárriz: La tentación. Sometido a tentación como cualquiera de nosotros.
- José Luis Sicre: Adán, Eva y Jesús frente a la tentación. Al comenzar la Cuaresma, la Iglesia nos recuerda dos actitudes muy distintas frente a la tentación: la de Adán y Eva, en la que triunfa la debilidad y la de Jesús, como ejemplo de fortaleza y capacidad de resistir en la prueba.
- Fidel Aizpurúa: Para ser tentado. Tenemos nuestro egoísmo bien vivo y por eso sufrimos muchas tentaciones: desenterdernos del frágil, querer tener siempre la razón, imponernos al débil mientras adulamos al fuerte o mirar solamente por nuestro dinero.
- José Antonio Pagola: Fieles a Jesús en medio de las tentaciones. Los cristianos de la primera generación se interesaron muy pronto por las «tentaciones» de Jesús.
- Mari Paz López Santos: La mayor tentación humana. ¿Qué nos pasa a los humanos que ambicionamos cosas materiales que tienen fecha de caducidad?
