Reflexión Domingo XXIX del tiempo ordinario, DOMUND, Ciclo A (Mt 22,15-21).
En este domingo mundial de las misiones, meditamos el Evangelio, donde los fariseos, después de haberse sentido evidenciados en las parábolas anteriores, ya no soportan. Se quedan incómodos y, buscan ya motivos para deshacerse de Él. Sin embargo, Jesús no se deja caer en la trampa, sino que les da una respuesta inesperada: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". Hoy, ¿qué significa eso para nosotros?
Hoy, celebrando los 100 años del DOMUND, Jesús no nos pide que huyamos del mundo, sino que, viviendo en él, demos testimonio del Evangelio interesándonos de la realidad de los pueblos y trabajando juntos para un mundo justo. No debemos olvidar que estamos en el mundo sin ser del mundo. Eso implica nuestra participación en la construcción de un mundo mejor, sin olvidar nuestro destino que es hacia Dios.
Recordémonos que, si la moneda lleva la imagen del César, el ser humano lleva impresa la imagen de Dios. Por eso, nuestra vida le pertenece al Señor. Dar a Dios lo que es de Dios significa ofrecerle nuestro corazón, nuestros talentos, nuestro tiempo y nuestra disponibilidad sirviendo a los demás. La misión comienza cuando dejamos que Dios transforme nuestra vida y nos convertimos en instrumentos de su amor, un amor que se manifiesta en nuestro compromiso en la promoción de la dignidad humana. No podemos decir que amamos a Dios si permanecemos indiferentes ante la pobreza, la exclusión, la violencia o la injusticia que sufren nuestros hermanos. Dar a Dios lo que es de Dios también significa reconocer su imagen en cada hermano y hermana, especialmente en los más necesitados.
Preguntémonos pues: ¿estamos dando a Dios el lugar que merece en nuestra vida? ¿reflejamos con nuestra vida la imagen de Dios plasmada en nuestros corazones? ¿Cuál es nuestra aportación en la construcción de un mundo mejor?
Que el Señor nos ayude a vivir con el corazón unido a Cristo y las manos abiertas a colaborar en el servicio a los hermanos cumpliendo nuestras responsabilidades con honestidad, defender la dignidad humana y anunciar, con alegría y valentía, que el amor de Dios puede transformar el mundo.
“UNO EN CRISTO, UNIDOS EN LA MISION”.
Feliz fiesta del DOMUND