Estamos en el segundo domingo de Cuaresma (A). El evangelio de Mateo nos presenta el episodio de la transfiguración de Jesús. Hoy, son bastantes las personas que prescinden de Dios para enfrentarse solos a su vida, sus deseos, miedos y expectativas. No es tarea fácil. Vivimos sumergidos en una "cultura de la intrascendencia", que ata a las personas al "aquí" y al "ahora", haciéndoles vivir solo para lo inmediato, sin apertura alguna al misterio último de la vida. Nos movemos en una "cultura del divertimiento" que arranca a las personas de sí mismas y les hace vivir olvidadas de las grandes cuestiones que llevan en su corazón. El hombre de nuestros días ha aprendido muchas cosas, está informado de cuanto acontece en el mundo que le rodea, pero no sabe el camino para conocerse a sí mismo y construir su libertad. Se está convirtiendo en el robot disciplinado que trabaja para ganar el dinero, que después disfrutará en unas vacaciones colectivas. Lee las revistas de moda, ve las emisiones de televisión que todo el mundo ve. Aprende así lo que es, lo que quiere y cómo debe pensar y vivir". Necesitamos más que nunca atender la llamada evangélica: "Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo". Necesitamos pararnos, hacer silencio y escuchar más a Dios revelado en Jesús. Escuchando a Dios encarnado en Jesús descubrimos nuestra pequeñez y pobreza, pero también nuestra grandeza de seres amados infinitamente por él.
Rosario Ramos: Hacia la transfiguración de la humanidad.Jesús revela la dimensión divina a la que toda la humanidad está llamada a visibilizar. Dios es una nueva Luz que envuelve la realidad humana en la figura de Jesús. Dios se hace humano y lo humano es capacitado para entrever a Dios.