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Robertus Kardi 27 Enero 2022 933

JESÚS SE ABRIÓ PASO ENTRE ELLOS Y SE ALEJABA


El relato evangélico de este cuarto domingo del tiempo ordinario (C) nos conduce de nuevo a la sinagoga de Nazaret donde Jesús recuerda a los grandes profetas del pasado, Elías y Eliseo, que realizaron milagros a favor de los paganos para denunciar la incredulidad de su pueblo. Llegados a este punto, los presentes se sienten ofendidos, se levantan indignados, expulsan a Jesús fuera del pueblo y quisieron arrojarlo desde un precipicio. Pero Él, con la fuerza de su paz, “se abrió paso entre ellos y seguía su camino”. Este relato del evangelista Lucas no es simplemente la historia de una pelea entre paisanos, sino que saca a la luz una tentación a la cual el hombre religioso está siempre expuesto y de la cual es necesario tomar decididamente distancia. Es la tentación de considerar la religión como una inversión humana y, en consecuencia, ponerse a “negociar” con Dios buscando el propio interés.

En la verdadera religión se trata de acoger la revelación de un Dios que es Padre y que se preocupa por cada una de sus criaturas, también de aquellas más pequeñas e insignificantes a los ojos de los hombres. En esto consiste el ministerio profético de Jesús: en anunciar que ninguna condición humana puede constituirse en motivo de exclusión del corazón del Padre, y que el único privilegio a los ojos de Dios es el de no tener privilegios, el de no tener padrinos, de abandonarse en sus manos. 

"Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír". El "hoy", proclamado por Cristo aquel día, vale para cada tiempo; resuena también para nosotros, recordándonos la actualidad y la necesidad de la salvación traída por Jesús a la humanidad. Dios viene al encuentro de los hombres y las mujeres de todos los tiempos y lugares en las situaciones concretas en las cuales estos estén. También viene a nuestro encuentro. Es siempre Él quien da el primer paso: viene a visitarnos con su misericordia, a levantarnos del polvo de nuestros pecados; viene a extendernos la mano para hacernos levantar del abismo en el que nos ha hecho caer nuestro orgullo, y nos invita a acoger la consolante verdad del Evangelio y a caminar por los caminos del bien. Siempre viene Él a encontrarnos, a buscarnos. (Fuente: Papa Francisco)

ECOS DE LA SABANA (Ecos de la vida cotidiana de los poblados de Chad y de Camerún)

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