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Ivanildo Quaresma 02 Febrero 2022 2231

BAJAR A LA CALLE


En el evangelio de hoy nos encontramos con un diálogo entre Jesús y Pedro, sencillo y profundo a la vez, diálogo que podríamos hacer nuestro en medio de las aguas tempestuosas de este mundo mientras nos esforzamos en nadar contra corriente. Pedro sabía que en la noche y con las aguas tranquilas se pesca mejor, eso había estado haciendo toda la noche ¡y no habían cogido ni un pececito! Pero llega Jesús que sin ser pescador le dice sencillamente, que eche las redes para pescar... Éste es el verdadero milagro: creer cuando todo parece ilógico. La abundante pesca y las redes llenas de peces son sólo la consecuencia de la fe. Todos los relatos de milagros en el evangelio comienzan con la fe o la suscitan, es la condición para ver la acción de Jesús. Claro, la cosa no es tan sencilla, se necesita una fe muy grande dada por Dios, para que igual que Pedro, creamos en Jesús, rememos mar adentro y echemos las redes para pescar, entonces veremos otro milagro en nuestras vidas y en nuestra comunidad. Y es que ser discípulos de Jesús exige confiar en su palabra. La misión a la que Jesús nos quiere enviar es osada y, hoy por hoy, con pocas probabilidades de éxito. Jesús quiere contar con nosotros y nosotras para el proyecto del Reino. Jesús convoca a sus amigos para que sean pescadores de personas, por eso todo seguimiento exige "remar mar adentro" para abandonar las seguridades de la orilla y meterse en una gran obra: el servicio al Reinado de Dios, es decir, una utopía de la que serán beneficiaros todos los hombres y mujeres del mundo.

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