“ Auméntanos la fe ”
El Evangelio de este Domingo (Domingo XXVII del Tiempo Ordinario, C) nos presenta el tema de la fe. Los apóstoles se acercan a Jesús y le dicen: “Auméntanos la fe”. No le piden milagros, ni poder, ni éxito… le piden algo mucho más profundo: más fe. Es como si reconocieran que seguir a Jesús no es fácil y que, con sus propias fuerzas, no basta. Necesitan una fe más grande y más profunda, una fe que los sostenga en los momentos de prueba, cuando el camino se hace difícil y las fuerzas no alcanzan.
Jesús les responde con una imagen sencilla pero profundamente impactante, que revela el poder de una fe auténtica. “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y os obedecería”. Es decir, no se trata de tener una fe ‘espectacular’ o llena de milagros, sino una fe verdadera. Una fe humilde, sencilla, pero viva. El granito de mostaza es pequeño, pero está lleno de vida, de potencial. Así también, una fe pequeña, cuando es auténtica, puede mover lo imposible. Porque no se basa en nuestras fuerzas, sino en la confianza total en Dios. La fe es confiar, aunque no veamos todo claro. Es seguir caminando, aunque no entendamos todo. Es decirle a Dios cada día: Señor, no puedo solo. ¡Confío en ti!
Después, Jesús cuenta una breve parábola sobre un siervo que trabaja todo el día y cuando llega a casa, todavía debe servir a su señor. Al final, Jesús concluye diciendo: “cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Estas palabras pueden sonar duras a nuestros oídos, pero en el fondo, Jesús nos está hablando de una actitud del corazón: la actitud del servidor fiel, que no busca premios ni reconocimientos, sino que sirve por amor, porque sabe que todo lo que tiene y es, lo ha recibido de Dios.
Vivimos en un mundo donde todo se mide por méritos, logros y recompensas. Pero Jesús nos enseña que el camino del Reino es distinto: se trata de servir con humildad, sin exigir nada a cambio, porque entendemos que todo es gracia. Y entonces, ¿cómo unir estos dos mensajes —la fe como un grano de mostaza, y el siervo que sirve sin esperar recompensa? La clave está en vivir una fe humilde y confiada. Una fe que no se desespera por ver resultados inmediatos, ni se centra en lo que uno hace, sino en lo que Dios puede hacer en nosotros. Y desde esa fe, servir con alegría, sabiendo que cada gesto de amor, cada acto de bondad, aunque pequeño, tiene un valor inmenso ante Dios.
COMENTARIOS
- Dominicos
- Miguel Ángel Munárriz: La fe mueve montañas. No os rindáis, no os resignéis, está a vuestro alcance, y si tenéis fe, lo lograréis.
- José Luis Sicre: Falta de fe y sobra de presunción. Aunque nuestra fe no llegue al grano de mostaza ni esperemos cambiar montañas de sitio, esa pizca de fe en Jesús nos da la vida.
- Fidel Aizpurúa: ¿Siervos inútiles somos? Huyamos de las falsas humildades que, a veces, encierran otras cosas.
- José Antonio Pagola: Fe más viva en Jesús. «Auméntanos la fe».
- Inma Eibe: Auméntanos la fe. Una llamada a disponernos al servicio del Reino de manera confiada y desinteresada. Así podemos resumir la propuesta que el evangelio nos hace hoy. Toda una invitación a dejar de buscar seguridades que, en el fondo, no nos sostienen ni nos hacen libres.
