“Hoy estarás conmigo en el Paraíso”
En este domingo celebramos la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, y el Evangelio que escuchamos —Jesús clavado en la cruz, entre dos malhechores— podría parecernos, a primera vista, una escena muy poco “real” para hablar de un Rey. No hay trono, no hay corona de oro, no hay aplausos. Solo hay dolor, burla y silencio. Sin embargo, es precisamente ahí donde Jesús nos revela su verdadera realeza.
En la cruz, Jesús no domina, no impone, no obliga. Él reina amando hasta el extremo. Reina entregando la vida por aquellos que le rechazan, por los que pasan de largo, por los que le insultan. La realeza de Jesús no se entiende desde el poder humano, sino desde un amor que llega hasta el fondo y que nunca se cansa de esperar.
El Evangelio nos muestra tres grupos de personas que miran a Jesús: Primero, los jefes y soldados que se burlan y dicen: “Si eres rey, sálvate a ti mismo”. Para ellos, un rey es alguien que se baja de la cruz, que demuestra fuerza y poder, que se impone. No entienden que el verdadero poder es quedarse, perdonar, no responder al mal con mal. Segundo, el malhechor que insulta a Jesús y repite la misma tentación: “Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Es la tentación de usar a Dios solo cuando nos conviene, cuando nos puede resolver un problema inmediato. Y tercero, el buen ladrón, que reconoce su fragilidad y dice con humildad: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. No exige, no negocia, no reprocha. Simplemente confía. Y es entonces cuando Jesús pronuncia la frase más hermosa del Evangelio de hoy: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
Queridos hermanos, ahí está la grandeza del Rey que celebramos hoy. Un Rey que no se salva a sí mismo para poder salvarnos a nosotros. Un Rey cuya autoridad es misericordia, cuya corona es una corona de espinas, cuyo trono es la cruz, y cuyo poder es el poder del amor.
Celebrar a Cristo Rey significa preguntarnos: ¿Quién reina de verdad en mi vida? ¿La prisa, el miedo, el ego, las heridas pasadas… o Cristo, que me mira desde la cruz con un amor que no reprocha ni abandona?
Celebrar a Cristo Rey es abrirle un espacio en nuestro corazón en medio de nuestras pruebas y cansancios y decir, como el buen ladrón: “Señor, acuérdate de mí”. Y Jesús siempre responde: “Hoy… contigo”. No mañana, no cuando seamos perfectos: hoy. Porque su Reino es cercanía, es presencia, es acompañamiento.
Y terminamos contemplando la cruz: ahí está nuestro Rey. Ahí aprendemos que reinar no es mandar, sino servir; no es imponerse, sino amar; no es triunfar según el mundo, sino dar la vida. Que Cristo Rey reine en nuestras casas, nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras decisiones de cada día. Y que, como el buen ladrón, sepamos reconocerle incluso en medio de nuestras cruces. Porque allí, precisamente allí, Él nos dice: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
COMENTARIOS
- Dominicos
- Miguel Ángel Munárriz: ¿Cristo… Rey? Sólo cuando esto se logre podremos decir que Cristo reina en el mundo.
- José Luis Sicre: Solemnidad de Cristo Rey. Pío XI, alarmado por las tensiones crecientes en Europa y en todo el mundo, piensa que la única y verdadera solución a los problemas de tipo social, político, económico, es atenerse al mensaje del evangelio. Si Cristo fuese el rey de este mundo, muy distintas serían las cosas.
- Fidel Aizpurúa: Este no ha hecho nada malo. ¿Cómo pertenecer a ese reino de bondad que es el de Jesús? ¿Cómo cultivar una espiritualidad del bien?
- José Antonio Pagola: ¿Burlarnos o invocar? Lucas describe con acentos trágicos la agonía de Jesús en medio de las burlas y bromas de quienes lo rodean. Nadie parece entender su entrega.
- Paula Depalma: Salvados por intervención divina. La fiesta de Cristo rey no nos presenta a un señor rico y poderoso sentado en un trono de majestad. Por el contrario, nos pone delante a una persona que atraviesa todos los umbrales humanos.
