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Robertus Kardi 29 Noviembre 2025 630

“ Tiempo de vivir con el corazón despierto ”


Este domingo es el primer domingo de Adviento, ciclo A, y la Palabra que escuchamos —Mateo 24, 37-44— nos invita a abrir los ojos y el corazón. Jesús nos habla de estar despiertos, atentos, preparados. No como quien vive con miedo, sino como quien vive con esperanza.

En el Evangelio, Jesús recuerda los días de Noé. La gente hacía su vida normal: comían, bebían, se casaban… Nada malo en ello. El problema no era la vida cotidiana, sino la desconexión del corazón. Vivían sin darse cuenta de lo que Dios estaba haciendo. Una rutina de vida sin Dios. Y cuando llegó el momento decisivo, muchos no estaban preparados.

Así también, dice Jesús, será la venida del Hijo del Hombre. No sabemos cuándo llegará, pero eso no importa tanto como cómo estamos viviendo hoy. El Adviento nos recuerda que el Señor viene, sí, al final de los tiempos, pero también viene cada día: en una palabra de consuelo, en un gesto de bondad, en la Eucaristía, en la persona necesitada, en la voz de nuestra conciencia.

Jesús nos pide estar despiertos, pero no con una vigilancia tensa, sino con el corazón encendido. Como quien espera a alguien amado. Como quien sabe que cada día trae una oportunidad de encontrarse con Dios.

Quizá a veces nos parecemos a esa gente de los días de Noé: ocupados, corriendo, distraídos. Y en medio de todas nuestras tareas, el Señor pasa, llama, invita… y podemos no darnos cuenta. Por eso, en este primer domingo de Adviento, la Palabra de Dios nos dice: despierta. Mira más allá de lo urgente. Atiende a lo importante. Haz espacio en nuestra vida.

Jesús habla también de dos personas en el campo, dos mujeres moliendo. Exteriormente hacen lo mismo, pero una está preparada y la otra no. Esto nos dice algo muy profundo: que el encuentro con Dios no depende de hacer cosas extraordinarias, sino de vivir lo ordinario con el corazón abierto, con fe, con amor.

“Estad preparados”, nos dice Jesús, “porque a la hora que menos pensáis, vendrá el Hijo del Hombre”. Prepararse no es vivir asustados, sino vivir con sentido. Es cultivar la oración, la reconciliación, la caridad. Es mirar la vida con esperanza.

Este Adviento, pidamos al Señor un corazón vigilante. Que no se nos pase su visita. Que cada día lo busquemos y lo encontremos en lo pequeño, en lo simple, en lo que parece rutinario. Y que cuando Él venga nos encuentre despiertos, con la lámpara encendida y el corazón dispuesto.

 

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