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Robertus Kardi 23 Abril 2026 487

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”


En este cuarto domingo de Pascua, el domingo del Buen Pastor, se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la jornada de Vocaciones Nativas, cuyo lema es: “todos oramos por todos”.  El evangelio de este domingo nos habla de Jesús como el Buen Pastor que cuida, protege y guía a sus ovejas.

Jesús comienza diciendo que “quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido”. Él, en cambio, es el pastor verdadero que entra por la puerta, que llama a cada oveja por su nombre y las conduce con amor. Esto es muy importante. Para Dios no somos uno más; cada uno es precioso, tiene un nombre, una historia, una vida concreta que Él conoce y ama.

Y dice también que las ovejas reconocen su voz. Aquí surge una pregunta que podemos hacernos: ¿reconozco yo la voz de Jesús en medio de tantas voces que escucho cada día? Vivimos rodeados de mensajes, de noticias que nos distraen y nos causan preocupaciones y desesperación, y de propuestas que muchas veces nos confunden. La voz del Buen Pastor, en cambio, no grita ni se impone: habla al corazón, trae paz, orienta y da vida.

Jesús no solo guía, también protege. Él mismo dice que ha venido para que tengamos vida, y vida en abundancia: no una vida a medias ni una vida vacía, sino una vida plena, con sentido, con esperanza, llena de alegría.

Este domingo, al celebrar el domingo del Buen Pastor, también pensamos en las vocaciones. El Buen Pastor sigue llamando hoy. Sigue susurrando en el corazón de muchos jóvenes: “Sígueme”. Vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada, a la vida misionera, pero también vocaciones a formar una familia cristiana y a servir en la comunidad. Todos tenemos una vocación; todos estamos llamados a algo grande, a una misión en la vida.

Por eso, hoy rezamos especialmente por las vocaciones. La Iglesia necesita pastores según el corazón de Cristo: cercanos, compasivos, alegres, auténticos y entregados. Y también rezamos por las vocaciones nativas, especialmente en tierras de misión, donde muchas comunidades esperan sacerdotes y consagrados que surjan de su propio pueblo y de su propia cultura, para anunciar el Evangelio con toda su vida.  

Esto nos lleva a la misión. El Buen Pastor no se queda quieto; sale en busca de la oveja perdida, no se resigna a que nadie se pierda y no abandona a quien se ha alejado. Así también nosotros estamos llamados a salir, a ir al encuentro de los demás especialmente de quienes están más lejos, más solos o más necesitados. La misión es de todos los bautizados. Cada uno, en su ambiente, en su familia y en su trabajo, puede ser testigo del amor de Dios. Y con nuestro testimonio, podemos ayudar a otros a escuchar la voz del Buen Pastor y a descubrir que Él sigue llamando y ofreciendo vida en abundancia.

 

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