Este domingo celebramos la solemnidad del Corpus Christi, que nos recuerda la singular y particular importancia que Jesús daba al comer juntos en torno a una misma mesa. Las comidas de Jesús fueron gestos y acciones proféticas. Quien se aproxima al Misterio de Jesús no puede eludir el profundo significado religioso y el valor transcendente que el mismo Jesús quiso imprimir a la comensalidad. Si queremos redescubrir el hondo significado de la eucaristía, hemos de recuperar el simbolismo básico del pan y el vino. Para subsistir, el hombre necesita comer y beber. Y este simple hecho, a veces tan olvidado en las sociedades satisfechas del bienestar, revela que el ser humano no se fundamenta a sí mismo, sino que vive recibiendo misteriosamente la vida. La sociedad contemporánea está perdiendo capacidad para descubrir el significado de los gestos básicos del ser humano. Sin embargo, son estos gestos sencillos y originarios los que nos devuelven a nuestra verdadera condición de criaturas, que reciben la vida como regalo de Dios. Concretamente, el pan es el símbolo elocuente que condensa en sí mismo todo lo que significa para la persona la comida y el alimento. Por eso el pan ha sido venerado en muchas culturas de manera casi sagrada. Pero, desde que nos llega de la tierra hasta la mesa, el pan necesita ser trabajado por quienes siembran, abonan el terreno, siegan y recogen las espigas, muelen el trigo, cuecen la harina. El vino supone un proceso todavía más complejo en su elaboración. Por eso, cuando se presenta el pan y el vino, se dice que son "fruto de la tierra y del trabajo del hombre". Por una parte, son "fruto de la tierra" y nos recuerdan que el mundo y nosotros mismos somos un don que ha surgido de las manos del Creador. Por otra son "fruto del trabajo", y significan lo que los hombres hacemos y construimos con nuestro esfuerzo solidario. Una comida y una bebida que alimentan nuestra vida sobre la tierra, nos invitan a trabajarla y mejorarla, y nos sostienen mientras caminamos hacia la vida definitiva.
COMENTARIOS:
José Luis Sicre: Un día del Corpus a medias.La pandemia del coronavirus provocará que el día del Corpus falte en muchas ciudades y pueblos lo más típico de esta fiesta: la procesión solemne por las calle
José Antonio Pagola: Cada domingo.Para celebrar la eucaristía dominical no basta con seguir las normas prescritas o pronunciar las palabras obligadas.
Rosario Ramos: Nos habita y nos nutre.Este discurso de Jesús va girando en espiral hasta llegar a lo que es el ser humano en su naturaleza esencial: Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él, es decir, lo más profundo de lo que somos está hecho de un intercambio permanente entre la humanidad y la Divinidad.